Entrevista por Inés Mónica Archer
La Voz Internacional inaugura una serie de entrevistas con artistas, académicos, investigadores y otros intelectuales latinoamericanos que viven o visitan Nueva York. Desde este centro de la diversidad cultural, nos hacemos eco de las diferentes voces iberoamericanas que contribuyen al desarrollo de nuestra comunidad. El intelectualismo español alcanza un gran nivel gracias a una gran cantidad de publicaciones académicas, artículos e investigaciones que amplían la comprensión de nuestra cultura.
América Latina goza de grandes riquezas en muchos campos, y diríamos que la tierra ha sido bendecida en su propia naturaleza. Pero en el ámbito político, la mala gestión de los gobiernos, ha creado grandes divergencias en riqueza, educación y tecnología, generando una migración masiva de talento humano hacia Norteamérica. Esta entrevista comparte la experiencia y reflexión de la poeta y profesora argentina radicada en Nueva York Margarita Drago.
Margarita Drago nació en Rosario, Argentina, y actualmente es Profesora de Español y Literatura en el York College de la City University of New York, es autora de varios libros sobre literatura y poesía: Fragmentos de la memoria. Recuerdos de una experiencia carcelaria (1975-1980), este libro fue declarado de interés nacional y cultural por el Honorable Congreso Nacional de la República Argentina en 2016. También ha publicado, Con la memoria al ras de la garganta; Hijas de los vuelos; Quedó la puerta abierta; Un gato de ojos grandes me mira fijamente; Heme aquí; Con la memoria stretta in gola; Sé vuelo; Sor María de Jesús Tomelín (1579-1637), concepcionista poblana: La construcción fallida de una santa. También es coautora de Tomamos la palabra: mujeres en la guerra civil de El Salvador.
IMSA. ¿Cuál es la patria de un poeta?
No lo sé. Solo puedo hablar de mí, de lo que considero mi patria, y no me refiero al lugar donde me tocó nacer ni al que me ofreció morada y residencia. Me refiero al espacio que habito en libertad, donde soy libre de opresiones, de marcas y etiquetas; al espacio en el que la norma es la que yo escojo, defino y defiendo. Lo he dicho y afirmado muchas veces. Ese lugar es el lenguaje, la única patria capaz de contenerme, la que a veces abandono, pero a la que siempre vuelvo porque en ella me encuentro, me confronto, me desarmo, me armo y me rearmo.
IMSA. ¿A quién va dirigida tu poesía?
A quien se sienta identificado con mi palabra, con mi voz, con mi universo poético, con mi modo de ver el mundo, la vida y esta particular manera de expresarlo. Podría decir que mi poesía tiene dos vertientes. La primera es la vinculada a mi experiencia como sujeto comprometido con la realidad histórica de mi país y de mi tiempo. Es una poesía que surge del dolor del cuerpo ultrajado y victimizado, que gira en torno al vacío ante las pérdidas, y expone, en forma descarnada, la vulnerabilidad y la desnudez del ser ante la ignominia y la afrenta. La otra faceta está ligada a mi cosmovisión, si se quiere mística de la realidad, entendida esta como “experiencia completa de la vida en su plenitud”, para decirlo en términos del teólogo Raimon Pannikar Alemany. Se trata, pues, de una vertiente que exuda dolor y, de otra, que despliega un acentuado lirismo, el de un yo poético diluido en el vuelo de la imaginación ante la plenitud de la existencia.
IMSA. ¿Cuál es la función de la poesía en la sociedad?
No concibo la poesía si no es un quehacer de compromiso con la historia. Para mí es mi “Oficio sagrado”, al que “me obligan –en palabras de Juan Gelman- los dolores ajenos”. El poeta Gabriel Celaya definió con claridad extrema la función de la poesía en la España de su tiempo, y sintetizó su pensamiento en el icónico poema, “La poesía es un arma cargada de futuro”. Hago mías sus palabras cuando afirma que la “poesía [es] necesaria como el pan de cada día”, “como el aire que exigimos trece veces por minuto” o cuando la declara “herramienta”, “arma cargada de futuro” con la que el poeta “apunt[a] al pecho”.
IMSA. ¿Consideras que la cultura hispana está consolidada en Nueva York?
Puedo hablar de mi experiencia, de cuando llegué a la ciudad de Nueva York comenzada la década de los ochenta, al inicio de la era del reaganismo, y cuando el movimiento de solidaridad con las revoluciones centroamericanas y en contra de las dictaduras del Cono Sur se encontraba en efervescencia. Para entonces, la lucha política estaba muy vinculada con la actividad cultural. En diferentes espacios, como la histórica Casa de Las Américas, de la Calle 14, en Manhattan, se celebraban recitales poéticos, musicales, lecturas, entre otros eventos, en los que se congregaban latinoamericanos e, inclusive, anglosajones solidarios con los pueblos en lucha. Yo participé activamente en ese movimiento. Después de la dispersión de los diferentes grupos y del retorno de muchos inmigrantes y exiliados a sus países de origen, se produce un gran vacío en el movimiento de solidaridad, y la actividad cultural de la comunidad latinoamericana toma otros visos. En el nuevo milenio, surgen grupos de intelectuales, artistas, músicos que participan en festivales poéticos, de cine, ferias del libro, coloquios y conferencias a nivel académico, presentaciones de libros, entre otras actividades. Sin pertenecer a ninguna de las agrupaciones que las organizan y auspician, participó en diferentes espacios en los que comparto mi trabajo de creación literaria y académicos.
Aun siendo la comunidad hispana la más numerosa, estamos muy fragmentados. Los diversos grupos que trabajan por la difusión de la cultura no logran amalgamar fuerzas. Faltan estudios -no solo teóricos, académicos- sino ligados a las prácticas de los varios grupos sociales que luchan por sus derechos y por conquistar un espacio en esta sociedad plurisectorial, pluricultural y plurilingüe. Carecemos de propuestas organizativas y de liderazgo. Pienso que la realidad de nuestra comunidad en los Estados Unidos y, en particular, en esta ciudad, es el reflejo de lo que viven los pueblos de nuestro continente, donde no hemos logrado, ni siquiera en cada país, formar frentes sólidos de lucha ante la invasión de las corporaciones, la penetración cultural y la amenaza de dominación extranjera.
IMSA. Sobre pedagogía de la enseñanza, ¿cómo ves la educación en Hispanoamérica?
Esta es una pregunta que requiere amplia y profunda investigación, difícil de contestar en este espacio y de manera muy constreñida. Puedo comentar a partir de mi experiencia en la docencia en Argentina y en la ciudad de Nueva York, donde di clases en todos los niveles de enseñanza. Para hablar sobre el tema es necesario diferenciar la educación estructurada y diseñada desde el aparato estatal, de las prácticas educacionales alternativas que proponen las pedagogías críticas y la educación popular. Es sabido que nuestros países latinoamericanos viven en permanente crisis económica, política y social, lo que afecta de manera extrema a la educación. Como consecuencia, no hay inversión en recursos materiales, pedagógicos, en formación de docentes, en renovación curricular. El porcentaje de analfabetismo y deserción escolar es muy elevado, sobre todo, en zonas rurales y en poblaciones socialmente deprimidas. En la década de los setenta, periodo de intensas luchas políticas por cambios sociales en todo el continente, la propuesta de educación liberadora de Paulo Freire sustenta y dirige el movimiento emancipatorio de la época. Las ideas freireanas han iluminado mi práctica docente de esos años en Argentina. A partir de este movimiento, el que revolucionó el pensamiento filosófico-educativo del continente, surgen grupos de discusión teórico-práctica que elaboran planes de cambios radicales, no sólo en materia educacional, sino a nivel político y social. Como resultado del debate y la formulación de propuestas, se han conformado grupos de docentes que se han multiplicado a lo largo del tiempo y operan en distintas ciudades y provincias (hablo, en particular, de Argentina). Estas agrupaciones alternativas de docentes instruyen a niños, adolescentes y adultos aplicando un currículo orientado por la perspectiva de la pedagogía crítica freireana, con excelentes resultados.
Más información sobre Margarita Drago: https://www.york.cuny.edu/portal_college/mdrago
Inés Mónica Archer
Artista y gestor cultural; Directora, bi/Coa: Base Intercultural / Comunidad de las Américas; enseña español en la Universidad de Hofstra y la Universidad de Aldelphi, Nueva York; Doctora en Artes Visuales, Universidad Complutense, Madrid; Maestría en español, St. John’s University, Nueva York

