
El Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) del Vaticano hizo público (22 de octubre 2026) el documento titulado Venite ad me «Venid a mí» (Mt 11, 28) bajo el subtítulo: “Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época”. El Dicasterio recibió del Papa Francisco, en los últimos momentos de su vida, el encargo de ofrecer a la Iglesia una reflexión sobre la transmisión de la fe; dicha petición fue posteriormente renovada por el Papa León XIV.
El texto que consta de ocho capítulos desglosados en 144 párrafos, además de una “introducción y una conclusión” lleva las firmas del prefecto del DDF, el cardenal Víctor Manuel Fernández y de monseñor Armando Matteo, secretario de la Sección Doctrinal del mismo Dicasterio.
En un tiempo en el que están cambiando los puntos de referencia, las relaciones y las formas de comunicarse, también las familias, las comunidades y las nuevas generaciones se enfrentan a nuevas maneras de vivir y transmitir la fe. ¿Cómo anunciar hoy el Evangelio en un mundo sometido a profundas transformaciones? ¿Cómo hacer posible un encuentro auténtico con Cristo?
El texto parte de la premisa de que no vivimos una mera época de cambios, sino un verdadero cambio de época caracterizado por la ruptura generacional, el individualismo cultural, la soberanía del «yo» y el impacto de las tecnologías digitales. La transmisión lineal o automática de padres a hijos ya no opera de la misma manera.
Como lo señala el Santo Padre León XIV «la evangelización debe enfrentarse hoy, de manera particular, también a las condiciones y dinámicas cambiadas en la transmisión de la fe de generación en generación. En algunas regiones del mundo, esta transmisión se ha interrumpido casi por completo, lo que exige la capacidad de asumir nuevos desafíos».
El objetivo específico del documento Venite ad me es ofrecer tanto una reflexión específica, como sugerir caminos concretos para el anuncio del kerygma en el cambio de época que estamos atravesando en el siglo XXI.
A lo largo de la redacción de estas Consideraciones, ha resultado realmente valiosa la contribución de numerosas Conferencias Episcopales Nacionales, que han respondido con gran diligencia a la solicitud del Dicasterio de enviar materiales relacionados con el tema de la transmisión de la fe.
Una aclaración puntual se refiere al género del documento, que es el de las Consideraciones y no el de una Nota doctrinal. De hecho, su finalidad es principalmente la de estimular la reflexión eclesial y el compromiso pastoral en torno a la transmisión de la fe.
Por ello, en el texto se examinan una pluralidad de puntos de vista, sin pretender, sin embargo, cerrar la cuestión, que permanece abierta a nuevos análisis y desarrollos. Esto significa que estas Consideraciones admiten un estilo más discursivo, como se aprecia sobre todo en el capítulo VIII el cual recoge algunos testimonios concretos que muestran la transmisión de la fe en el contexto de la vida cotidiana de las personas.
Lejos de buscar refugio en la nostalgia o en el lamento fácil por los tiempos modernos, el texto aborda sin filtros el vértigo de este «cambio de época». Las pantallas, la hiperconectividad digital, la fragmentación cultural y el profundo cansancio existencial que arrastran las nuevas generaciones han transformado por completo el terreno de juego. Lo que antes funcionaba por inercia social o familiar, hoy ya no cuaja.
El núcleo de la propuesta vaticana es un llamamiento urgente a rescatar el kerygma, es decir, el anuncio desnudo del amor incondicional de Dios, despojado de burocracia eclesiástica y de discursos teológicos inaccesibles. El documento recuerda que Jesús nunca esperó en un santuario cerrado ni fundó escuelas exclusivas; caminaba por las calles, conocía los oficios de su tiempo, escuchaba las fatigas cotidianas y se ponía sin dudar del lado de los «últimos».
Esta es la clave que atraviesa todo el texto: recuperar un lenguaje cercano, capaz de conectar con los adultos que hace tiempo dieron la espalda a la religión y con los jóvenes que jamás han oído hablar de ella de forma significativa. La fe, advierte el documento, no se contagia por imposición moral ni por obligación cultural, sino a través del testimonio vivo, de la belleza del arte, de la liturgia y, sobre todo, de una cercanía real que alivie el peso de una sociedad hiperacelerada.
Para ilustrar este giro pastoral, el texto incluye un bloque inusual en los dicasterios romanos: una serie de testimonios en primera persona. Son relatos de hombres y mujeres que pasaron por el abismo de las adicciones, la desesperanza o la más absoluta indiferencia, y que redescubrieron el Evangelio no a través de un tratado doctrinal, sino gracias al encuentro humano con creyentes que supieron encarnar la compasión y la acogida.
Con este paso, la Iglesia asume el reto más complejo de su historia reciente: dejar de dar por sentado que el mundo conoce su mensaje y empezar de nuevo. En una época marcada por el ruido digital y la fatiga vital, el Vaticano pone sobre la mesa que la única salida para el anuncio cristiano es volver a ser, tal como prometía el lema evangélico, un refugio para los cansados y agobiados de siempre.
Venite ad me concluye recordándonos que, aunque las circunstancias hayan cambiado, lo esencial permanece: Cristo sigue saliendo al encuentro de las personas y la Iglesia está llamada a hacer visible su amor en el mundo.
Quizá esta sea la invitación más importante que podemos llevarnos de su lectura: antes de preocuparnos únicamente por cómo transmitir la fe a los demás, necesitamos cuidar la nuestra, redescubrir la alegría de creer y dejar que el Evangelio transforme nuestra vida. Porque la fe que hemos recibido no es solamente una herencia que debemos conservar, sino una luz que estamos llamados a compartir.
Un documento que merece la pena leer no solo para comprender los desafíos de nuestro tiempo, sino también, y sobre todo, para redescubrir cómo la fe puede seguir generando encuentro, cercanía y esperanza.
