
La exhortación apostólica postsinodal “Amoris laetitia” (La alegría del amor) sobre «el amor en la familia» promulgada por el Papa Francisco el 16 de marzo de 2016, ha sido uno de los legados más preciados para el mundo católico. Francisco desde el inicio de su pontificado situó a la familia en el centro de un proceso sinodal, reconociendo la necesidad de proseguir el discernimiento de la Iglesia ante los profundos cambios que afectan a un ámbito tan estrechamente ligado a su misión en el mundo de hoy.
Este año 2026, se conmemora el 10° aniversario de Amoris laetitia, una ocasión propicia para interrogarnos sobre ¿qué hemos aprendido tratando de vivirla? ¿cómo contribuyen las familias a la edificación de la Iglesia?
Bajo este contexto, León XIV convocó un encuentro en el Vaticano (7 al 14 de octubre) cuyos actores estelares son los presidentes de las 115 Conferencias Episcopales del mundo, los jefes de las Iglesias orientales católicas y once parejas de matrimonios laicos que provienen de los cinco continentes, con el fin de proceder, en un clima de escucha recíproca, a un discernimiento sinodal sobre los pasos a dar para anunciar el Evangelio a las familias de hoy, tomando en cuenta lo que se está realizando en las Iglesias locales.
León XIV define a la familia como un gran milagro, una vocación y el espejo en el que Dios se mira, fundamentada en la unión estable entre un hombre y una mujer. Nos recuerda que «hay, en efecto, lugares y circunstancias en los que la Iglesia «no puede convertirse en sal de la tierra» sino a través de los fieles laicos y, de manera especial, de las familias». Describe el ministerio pastoral como una “escuela de la escucha” en la que la Iglesia tiene mucho que aprender de las familias mismas.
El Pontífice destaca que, en estos diez años, la Iglesia, al acoger Amoris laetitia, ha acompañado a familias en diversas circunstancias, ha recogido «preguntas» e «historias de conversión, de frutos y relaciones inesperadas», ha afrontado «dificultades» y ha visto surgir «preguntas» en el camino.
El punto de partida reconoce luces y sombras que los obispos suelen llevar a Roma en sus visitas «ad limina Apostolorum»haciendo hincapiéen lasdificultades pastorales y los retos cotidianos que afrontan las familias, con datos como que, en Polonia, las bodas religiosas se han reducido en un 45 % en los últimos cinco años, mientras que en Australia el porcentaje ha pasado del 88 por ciento en 1970 al 16 por ciento en 2024. Además, la inseguridad económica, la migración, la violencia, la soledad y otras formas de fragilidad emocional afectan a su vez las decisiones de las personas y las posibilidades que pueden imaginar para su futuro.
Ante estas sombras, surge la urgencia de acompañar a las parejas en su elección matrimonial y fortalecer la transmisión de la fe en el ámbito familiar, con una pastoral que arranque antes del matrimonio y sostenga a las personas a lo largo de toda su vida, especialmente en los momentos de crisis.
El encuentro está guiado por un itinerario eminentemente pastoral que pone en el centro a las familias, no solo como destinatarias de la acción de la Iglesia, sino como sujetos de su misión a través de los cuales el Evangelio toma forma en las relaciones cotidianas, en las decisiones, en la fragilidad y en la esperanza.
El Marco Temático elaborado para esta reunión tiene por objeto mantener presente ante nosotros la amplitud de Amoris laetitia y establecer un diálogo entre la Exhortación apostólica y lo que nuestras Iglesias han vivido durante estos últimos diez años.
El itinerario del encuentro se focaliza en cinco núcleos temáticos: 1) Las familias de hoy (realidad, belleza y desafíos). 2) Los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial. 3) Los primeros años de matrimonio (un tiempo decisivo). 4) El acompañamiento en situaciones complejas o de crisis. 5) Las familias cristianas como sujetos de la misión de la Iglesia.
El encuentro no tiene el carácter formal de una Asamblea del Sínodo de los Obispos, pero está inspirado en su método reflexivo “la escucha, el diálogo y el discernimiento”.
Para León XIV «la familia sigue siendo la institución más valorada por los jóvenes», por lo que enfatiza renovar el compromiso para que «los jóvenes se sientan atraídos» por «la vocación matrimonial en la Iglesia».
El Pontífice exhorta especialmente a los obispos a considerar «circunstancias concretas» en la vida de quienes necesitan orientación. «Como pastores, hemos recibido la responsabilidad, en todo tiempo y circunstancia, de proclamar la belleza del plan de Dios para el matrimonio y la familia, y su llamado al amor y la ternura». Es un «desafío», pero la «sabiduría del Pueblo de Dios» acude al rescate, iluminando incluso «situaciones marcadas por la dificultad, la soledad» y los «aparentes fracasos».
Uno de los anhelos del Santo Padre es ver un resurgimiento de la creatividad pastoral necesaria ante los nuevos desafíos, cosechando los frutos que la exhortación ha dado en nuestras Iglesias locales para que alimenten a toda la Iglesia. Las Iglesias locales deben reconocer nuevos caminos e involucrar más profundamente a todos los bautizados en el camino sinodal de la Iglesia.
Por Honduras, asistió al encuentro el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor José Vicente Nacher Tatai, CM, arzobispo metropolitano de Tegucigalpa.
Las conclusiones de estas jornadas servirán como base para trazar nuevas líneas de acompañamiento en las comunidades locales de todo el mundo. De este modo, el décimo aniversario de Amoris laetitia se convierte en una oportunidad para mirar hacia adelante y renovar la pastoral familiar desde las voces, experiencias y esperanzas de las propias familias.
