En la actual ‘cultura’ nuestro tiempo es incompatible con lo histórico, con lo sabio, con lo meramente humano
Arturo Alejandro Muñoz
Reconozcamos que hoy, avanzado el siglo veintiuno, el mundo está siendo estructurado a la medida de una inefable nueva mayoría que siente orgullo por estar parada sobre la incultura, y ser una masa consumidora sin fronteras ni recato moral.
Hace algunos años, el periodista y economista español Vicente Verdú, lo explicaba de la siguiente manera:
<<La sociedad de consumo tiene, como misión, proveer de placeres sin tregua, y como destino, la diversión hasta morir. Esta cultura no ha prosperado con la penitencia del trabajo, sino con la fiesta sin fin. El autor del capitalismo de producción era intrínsecamente avaro y elitista; el autor del capitalismo de consumo es, sobre todo, consumidor y comunicador. Hay productos basura, telebasuras que producen ominosa satisfacción, pero ¿quién los califica? ¿Los ilustrados de media jornada laboral o los profesionales libres que habitan viviendas espaciosas y disponen de unas rentas que alcanzan holgadamente hasta fines de mes? >>
La actual es la clase numéricamente dominante, que, a la vez, es clase dominada precisamente por su analfabetismo, primitivismo cultural y sólida dependencia de los medios que le aherrojan y ’culturizan’ en beneficio del sistema que mejor responde a los intereses de quienes poseen la riqueza.
Estos seres frívolos, simplones, presumen de su ignorancia e incluso se ufanan de no haber leído un mísero libro en toda su vida. Y lo banderean cual triunfo épico, como si ello les otorgase una distinción digna de la más alta alabanza social.
Los analfabetos de hoy son los peores, ya que han tenido acceso a la educación… saben leer y escribir, de ello no hay duda, pero no lo aplican y se niegan religiosamente a hacerlo. Si algo les resulta detestable, es la cultura.
Han sido moldeados por los dueños de los medios, responden magníficamente a las órdenes y pautas sociales, políticas y económicas de quienes poseen y manejan esas empresas de comunicación masiva, especialmente la televisión.
Son mayoría, y el mercado los cuida como huesos santos porque votan …sí, votan y eligen a las autoridades, a esas mismas autoridades que los faraones del mercado y sultanes de las comunicaciones proponen a la masa electoral.
Es dable asegurar que la televisión está hecha a la medida de las necesidades de ese tipo de sociedad, misma que solo desea distraerse, divertirse en una fiesta sin fin, aunque ello sea a través de la exposición de los crímenes más brutales, o de los alevosos saqueos al erario del estado y a los bolsillos de las familias.
En fin, la cuestión principal reside en que, con los hijos de la generación del 68, parece haber concluido la etapa de la cultura-culta basada esencialmente en el código escrito, en los modos literarios, en el pensamiento hondo, crítico, y en la excavación interior. Ese tipo de cultura ha concluido, pues la nueva, la potente cultura actual, se confunde con el estilo. No habrá ya nuevos Ateneos, Cenáculos ni Graneros Mesopotámicos, a no ser que se quiera distraer a los turistas.
Nuestros antepasados más egregios lo fueron gracias a los libros, y nosotros mismos (los adultos mayores) crecimos desde y con la página impresa. ¿La radio, el cine y la televisión? Fueron para nosotros medios de comunicación que a la vez sirvieron como elementos de entretenimiento, pero hoy –para los jóvenes actuales- constituyen verdaderos medios de cultura. Vaya equivocación armada a propósito, ¿no?

