Por: Marvin Estrada
En una noche encendida, de esas que se recuerdan en Nueva York, el NYCFC derrotó 3-1 a los Red Bulls con una fórmula inesperada pero demoledora: tres goles nacidos desde el tiro de esquina. El equipo celeste convirtió el balón parado en arte puro y selló su pase a los cuartos de final de la US Open Cup en un clásico que tuvo tensión, polémica y carácter.

El primer golpe llegó temprano. Apenas al minuto 9, Maxi Moralez ejecutó un córner con precisión quirúrgica y encontró la cabeza del australiano Kai Trewin, quien firmó su primer gol con la camiseta neoyorquina para abrir la fiesta en las gradas.
La reacción rival no tardó. Al 14’, los Red Bulls aprovecharon un descuido defensivo y Julian Hall definió con sangre fría ante Matt Freese para empatar un duelo que ya prometía emociones fuertes.
Pero NYCFC no perdió el control. Antes del descanso volvió a golpear desde la esquina. Otra vez apareció Moralez con un centro perfecto y esta vez Raúl Gustavo se elevó con autoridad para marcar el 2-1 al minuto 39, redimiéndose tras errores previos.

En la segunda mitad llegó el golpe final. Al 57’, Moralez completó una actuación memorable con su tercera asistencia de la noche, enviando otro balón venenoso al área que encontró al capitán Thiago Martins, quien conectó de cabeza para sentenciar el clásico.
Tres tiros de esquina. Tres goles. Una estadística poco común que expuso las fragilidades defensivas de Red Bulls y confirmó la inteligencia táctica del conjunto celeste.
Más allá del marcador, la victoria tiene peso histórico: fue la primera vez que NYCFC gana un duelo de eliminación directa ante su eterno rival. Y lo hizo con personalidad, pegando en los momentos justos y resistiendo cuando más quemaba el partido.

El derbi dejó un mensaje claro: NYCFC está vivo, vuelve a creer y ya sueña con levantar la copa. En Nueva York, la noche fue completamente azul.

