Arturo Alejandro Muñoz
Cuando hay que escribir un artículo de prensa, de opinión, o una columna ídem, el encargado de ello trata de ser serio, responsable y asertivo, pero cuesta mucho lograrlo porque el escenario en el que se desarrolla y se desenvuelve el tema central de esa nota, generalmente, se muestra similar a una pista de circo donde los payasos hacen de las suyas. Y los aplauden, para colmo de males (para evitar errores, con esto del aplauso me estoy refiriendo a los políticos específicamente).
Quienes tienen menos de 50 años de existencia se extrañarán al leer estas líneas. Es comprensible. Esas personas nacieron cuando la dictadura cívico-militar dejaba un restringido paso a una falaz democracia protegida… por la misma dictadura. Poco pueden saber respecto a sistemas realmente democráticos e institucionales, a sistemas republicanos modernos, ya que han vivido 40 años bajo el disfraz de un sistema que asegura ser una cosa, pero es otra. Cuarenta años durante los cuales el 99% del escenario político e informativo lo han copado quienes se asociaron para mantener la ‘matrix’, pintada y adornada con colgajos nuevos.
Dueños de la prensa escrita y hablada, esas coaliciones también son propietarias de la publicidad política. Con ella lograron inhumar en el terreno del olvido situaciones de tanta gravedad como lo acaecido en Colonia Dignidad (el pederasta, torturador y nazi Paul Schaeffer defendido y cobijado por varios parlamentarios actuales). O el escabroso asunto de Spiniak, Novoa, Gema Bueno y el juez Calvo. O los reiterados e inaceptables ‘maquillajes’ de la Encuesta CASEN. Para no mencionar cuestiones infumables como PENTA, SQM, CMPC, Farmacias, CAVAL, AFP’s, LAN, EXALMAR, Caimanes, Alto Maipo, etc., en las que siempre hubo políticos involucrados. Obviamente, políticos de una u otra de las coaliciones dueñas de todo.
Sólo eso explica que haya gente que vota por quienes protegen y ensalzan a individuos nefastos, culpables de horrendos crímenes contra la humanidad, que torturaron niños, hicieron explotar con dinamita a personas, introdujeron ratones en la vagina de detenidas a las que violaron sistemáticamente. Bárbaros que asesinaron a mujeres embarazadas, degollaron profesores, asesinaron dirigentes sindicales…tipos como esos son aplaudidos (incluso elegidos…) lo que deja puertas abiertas a la intromisión de retazos dictatoriales en los escenarios del poder y de la gobernabilidad.
Peor aún, hay chilenos que creen a pie juntillas que no juzgar a los responsables de genocidios, torturas y robos al Estado forma parte de la “verdadera y sana democracia”. Es la idea que el establishment neoliberal le vendió a la sociedad chilena.
Debemos convenir que ninguna democracia real en el planeta ha dejado en libertad a los responsables de sedición, asesinatos, torturas, desaparición de personas, robos al Estado y ataque al sistema institucional, una vez que la democracia se impone al totalitarismo.
Ello sólo ocurre en Chile debido a que, en nuestro país, la post dictadura nunca fue una democracia “real”, sino un mal remedo, un oscuro sucedáneo de la verdadera.
En el pasado, varios parlamentarios que hoy fungen de “defensores irrestrictos de la democracia” –sea por acción u omisión- promovieron y apoyaron el cierre y el robo “manu militari” de los medios de prensa de izquierda en 1973 (recordar a los diarios Última Hora, Clarín, El Siglo, así como La Unión y El Popular de Valparaíso, las revistas Mayoría, PLAN, Punto Final y Chile-HOY, las imprentas Prensa Latinoamericana y Horizonte, y las radios Magallanes, Corporación, Luis Emilio Recabarren, Nacional y Sargento Candelaria).
Además, a partir del golpe militar, más de 80 periodistas, estudiantes de periodismo y trabajadores de la prensa e imprenta, fueron asesinados o ‘desaparecieron’. Lo anterior es un argumento más para demostrar cómo, a espaldas de la gente, quedó instalada en Chile –una democracia neoliberal tutelada, limitada y férreamente controlada por el mundillo político, donde sus moradores –y esto es de verdad grave- tienen colores partidistas que van desde el protofascismo al protocomunismo, atravesando por sectores como UDI, RN, Republicanos, Socialistas, Pepedeístas, Radicales, Frenteamplistas y, obviamente, los inagotables flotadores políticos estilo Partido de la Gente y similares.
Entonces, permítame usted querido lector, insistir en mi llamado a viva voz: “Bienvenidos al Circo”, porque así seguimos estando luego de tantas décadas de payaseo, mentiras, corruptelas, traiciones y ultrajes de la mayoría de los políticos actuales a nuestra inteligencia como electores.
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