Arturo Alejandro Muñoz
Un nuevo tiempo, ojalá largo, está viviendo la zona austral chilena, particularmente la ciudad-puerto de Punta Arenas, ubicada en la ribera del Estrecho de Magallanes, que une ambos océanos (Atlántico y Pacífico). Es la ruta indicada para arribar al Paso Drake y al Cabo de Hornos, como también al continente antártico.
Las dificultades, serias por lo demás, que enfrenta actualmente el Canal de Panamá, impidiendo el paso de grandes embarcaciones de un océano al otro, han reabierto la trascendencia del siempre estratégico Estrecho de Magallanes que está viendo transitar por sus aguas navíos gigantescos, sean comerciales, petroleros o turísticos.
Esta nueva vida del Estrecho obedece a la profunda transformación geopolítica, económica y tecnológica que experimenta ese histórico paso marítimo en el sur del mundo, impulsada por las limitaciones operativas del Canal de Panamá y el auge de nuevas energías limpias.
Tras décadas de menor tránsito luego de la apertura del Canal panameño en 1914, las sequías y dificultades climáticas globales han hecho que las navieras internacionales miren de vuelta hacia el extremo austral.
Ahora bien, el entendible deseo de satisfacer esas necesidades de navegación se ve incrementado por los intereses científicos y tecnológicos manifestados por los gobiernos de muchas naciones que, en la actualidad, poseen bases importantes instaladas en ese helado continente.
Treinta países operan más de 70 bases científicas permanentes y temporales en la Antártica. Los países con mayor presencia de bases permanentes (operativas todo el año) son Argentina y Chile, seguidos por potencias como Rusia, Estados Unidos, Australia, China y el Reino Unido.
El asunto es que -en el caso que convoca a esta nota- la hermosa ciudad de Punta Arenas es, en muchas ocasiones, el remanso estratégico que muchas expediciones internacionales requieren para desarrollar una mejor acción en las misteriosas y gélidas soledades antárticas.
Pero, no se agota en ello la importancia de esa austral ciudad-puerto chilena, que, como bien se sabe, se encuentra separada de la Isla Grande de Tierra del Fuego por el mismo Estrecho de Magallanes, lo que obliga al uso de ferris y modernas barcazas para viajar desde allí hasta la ciudad de Porvenir, ubicada precisamente en la costa norte de la mencionada Isla Grande.
Hace algunos meses, una nueva propuesta de proporciones admirables ha salido a la luz pública. La idea es construir un moderno puente bajo las aguas del Estrecho, a objeto de conectar por vía terrestre ambas ciudades o, mejor dicho, el continente con la isla grande de Tierra del Fuego. La idea es mantener conexión sólida y segura durante todo el año entre el continente y la enorme isla de marras. Para ello, la ingeniería requiere abrir un puente subterráneo de cuatro kilómetros de extensión… bajo las no siempre calmas aguas del Estrecho, por cierto.
Y no olvidemos la importante ciudad (que apunta a convertirse en metrópolis) llamada Puerto Williams, la localidad más austral del planeta, capital de la provincia chilena de Última Esperanza, en el final físico del continente americano en su parte austral. En este caso, en pleno Canal Beagle, a 14 kilómetros al sur de Ushuaia, ciudad argentina.
Puerto Williams debiera ser, junto con Punta Arenas, la puerta de entrada a la Antártica, y su mayor dinamismo se observa en segmentos como los cruceros y la actividad científica.
Es el futuro cercano que espera a toda esa hermosa, estratégica y climáticamente prístina zona del fin del mundo.

