Por Alfredo Astorga
El Niño tiene dos caras en América Latina: puede inundar las costas de Ecuador, Perú y Chile, mientras seca ríos, cultivos y embalses a miles de kilómetros; en Centroamérica, Colombia y la Amazonía.
El Niño Malo se ha colado en la Región con terribles consecuencias. Aunque no afecta de la misma manera a todos los países de América Latina, sus efectos, incluso, pueden cambiar de un episodio a otro. Como se dijo en la primera entrega de este tema, el fenómeno de El Niño no es una tormenta ni una temporada cruda de lluvias. Es una alteración significativa del océano Pacífico, capaz de reorganizar el clima de gran parte de la región.
Nuestra América Latina podría dividirse en 3 zonas de impacto del fenómeno. La primera: la zona más expuesta, corresponde a la costa del océano Pacífico, a la altura de Ecuador, Perú y Chile. La llegada de El Niño tiene que ver con el exceso de agua. Precipitaciones extraordinarias que provocarán inundaciones, deslaves, desbordamientos de ríos. Con sus consecuencias: muertos y heridos, destrucción de carreteras, afectación de cultivos, reducción de la pesca, daño en viviendas. Expresa el comportamiento “más típico” del fenómeno.
La segunda zona correspondería al norte de Sudamérica (Colombia, Venezuela) y a la Amazonía. Y también a los 6 países de América Central. Aquí la característica principal será la reducción de las precipitaciones, en especial en el Corredor Seco Centroamericano. La disminución de lluvias repercutirá en los cultivos, los embalses, la generación hidroeléctrica, el abastecimiento de agua. También en posibles incendios forestales.
La tercera zona de impacto compromete al sureste de Sudamérica: Paraguay, Uruguay, sur de Brasil, nordeste de Argentina. Se esperan precipitaciones superiores a las normales. También crecidas de los grandes ríos.
En México podrían producirse simultáneamente sequías en algunas regiones, lluvias intensas en otras y alteraciones de la actividad agrícola y pesquera.
Toda la región será afectada, aunque con diverso signo e intensidad. No hay escape ni escondite. Ninguna zona ilesa. Doble rostro: inundaciones y sequías.
Riesgos multiplicados
No se trata solo de caprichos y excesos de la naturaleza. América Latina presenta un conjunto de debilidades que multiplican los riesgos de este fenómeno: vulnerabilidades estructurales, económicas, sociales, ambientales e institucionales. Podría decirse que algunas son consecuencia de la geografía de su territorio, pero la gran mayoría tienen que ver con problemas históricos de desigualdad y debilidad de políticas.
Entre las vulnerabilidades debemos destacar, ante todo, la pobreza y la desigualdad social. Ésta se expresa, por ejemplo, en viviendas precarias, ausencia de alcantarillado, asentamientos en zonas de inundación, de deslizamientos, de sequías. Por todo eso, los efectos de El Niño crecen geométricamente en las poblaciones marginales. Vuelven más pobres a los pobres. Efectos con rostro de marginalidad.
A esta causa estructural, añadimos tres adicionales. Uno, la urbanización anti técnica y desordenada, asentamientos en zonas de riesgo (laderas inestables, quebradas, riberas de ríos, zonas inundables). Dos, la deforestación y degradación ambiental que debilitan la capacidad de los ecosistemas para proteger los suelos, para regular el agua. Y tres, infraestructura insuficiente, en deterioro gradual.
Podríamos completar esta lista de debilidades mencionando: dependencia de actividades sensibles al clima (hidroeléctricas, por ejemplo), dependencia de la agricultura y ganadería, mala gestión del agua, deficiencia de los sistemas de salud, debilidad institucional y falta de políticas sostenidas de prevención.
Y, como hemos analizado anteriormente, los efectos mencionados se enlazan sistémicamente con la economía general: escasez de productos, incremento de precios, aumento de la morosidad, disminución del empleo, presiones en el sistema bancario, menores ingresos fiscales, mayores gastos públicos.
Sin pretensión de minimizar las consecuencias del fenómeno, vale la pena reconocer que la región en su conjunto cuenta hoy con información técnica más sólida, integral y oportuna. Ha desarrollado, con diferencias entre países, sistemas de alerta temprana y algunas políticas de prevención. En este caso son posibles, dado que, a diferencia de los terremotos, estos fenómenos se pueden predecir con algo de tiempo.
El Niño y sus dos caras ha empezado a causar estragos en nuestras ciudades y campos. Ya no es amenaza, es realidad. El margen de maniobra que tenemos como seres humanos, es limitado, pero existe. En este sentido, la prevención y la información se vuelven cruciales.
Extrañamos, que, a pesar de la uniformidad política de la región, no contemos con planes conjuntos, con estrategias solidarias de emergencia. Las acciones nacionales, no alcanzan para enfrentar fenómenos que trascienden fronteras. Si sufrimos como región, es crucial que nos pensemos y actuemos como región.

