Alfredo Astorga
El fenómeno de El Niño ya está entre nosotros. Los primeros estragos se sintieron en el sur del continente. Empieza a copar la costa pacífica de la región. No tendrá miramientos.
Este Niño nos rompe los esquemas. No es un niño cualquiera. Es el fenómeno. El que provoca desconfianza y pánico. Está en boca de todos los medios que lo desmenuzan día a día. No se lo puede torear. No hay dónde esconderse. Para unos será un episodio duro sin mayor trascendencia. Para otros, una catástrofe imparable de algunos meses. No han faltado las explicaciones ingenuas y hasta mágicas sobre el fenómeno.
¿Qué es exactamente?… No es solo un aumento de lluvias. Es mucho más: un fenómeno natural que ocurre cada cierto tiempo (2 a 7 años) cuando las aguas superficiales del océano Pacífico central y oriental se calientan más de lo normal. Este calentamiento cambia los vientos y la circulación de la atmósfera. Altera lluvias y temperaturas en extensas regiones.
Según los expertos, cuando una superficie —un océano grande como el Pacífico— se calienta anormalmente, libera más calor y humedad a la atmósfera. Eso modifica el lugar de formación de las nubes, la manera en que circulan los vientos, los espacios donde llueve. Por eso, El Niño puede provocar lluvias intensas en un sector y sequías agudas en otro.
Las siglas NOAA aparecen con frecuencia. Corresponden a la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica. Es una agencia científica de EE UU que estudia y predice los cambios en el clima, los océanos y la atmósfera. Su informe advierte que El Niño se está fortaleciendo rápidamente. Calcula un 90% de probabilidad de alcanzar una intensidad excepcional entre octubre y diciembre. Es decir, desde ahora.
El “riesgo” merece ser aclarado. Es resultado de la combinación de vulnerabilidad (debilidad interna. Ej. asentamientos…) y amenazas (factor externo que produce daño. Ej. tormentas). No todas las amenazas se tornan en riesgos. Por eso, nuestro foco debe apuntar a reducir la vulnerabilidad. En la región, lastimosamente, son muchas. Las peores amenazas son los asentamientos humanos sin estudios técnicos, ilegales, alegales. Viviendas y personas expuestas, con pocas defensas.
Suelen mencionarse 5 efectos agudos e inmediatos: inundaciones, deslizamientos, destrucción vial, pérdidas agrícolas, problemas sanitarios. Los daños no terminan ahí. Se enlazan sistémicamente con hechos sociales: enfermedades, baja en la producción, inseguridad alimentaria, escasez de alimentos, aumento de precios, morosidad, impactos en el mundo financiero…. Nadie está exento de los efectos de El Niño.
Contamos con tres puntos a favor. El primero y principal es que, a diferencia de un terremoto, se puede prever, incluso con meses de anticipación, como en esta ocasión. El segundo, es que contamos con información más precisa de vulnerabilidades y sistemas de alarma, fruto de los aprendizajes de eventos anteriores (aunque no hay dos Niños iguales). Y, el tercero, es que la mayoría de las medidas de prevención cuestan relativamente poco.
En el nivel de los gobiernos, las medidas clave son: limpiar y ampliar drenajes; dragar y mantener cauces; revisar puentes, alcantarillas y carreteras; proteger sistemas de agua. Y también: identificar poblaciones expuestas; reforzar centros de salud; preparar albergues; acopiar reservas de alimentos, medicamentos y agua. Y disponer de planes específicos para agricultura, ganadería, pesca. Sin olvidar los planes en caso de emergencia en abastecimiento, precios, finanzas, etc. Para que el fenómeno no devenga en crisis económica.
En el nivel de las familias: conocer si la vivienda está en zona inundable o de deslizamientos; limpiar canaletas y desagües: revisar techos: no acumular basura. Y también identificar una ruta de evacuación: preparar reserva de alimento y agua; reunir medicamentos indispensables; preparar mochila de emergencia: linterna, pilas, líquidos. Y atender las alertas oficiales.
Las cartas están echadas. Hay mucho por hacer en prevención. Pero la naturaleza tiene sus propias decisiones, su propio ritmo, su propia ferocidad. Cuanto mejor estemos preparados, mayores serán nuestras posibilidades de mantener con vida a personas, tierras, bienes, finanzas. Es una lástima, pero a pesar del alcance multipaís de El Niño, no contamos con planes regionales. Nuestros países siguen pedaceados.
Un elemento estratégico al momento constituye el sistema de comunicación del gobierno y las autoridades pertinentes. Claridad, oportunidad, constancia, variedad de canales en la información. Instrucciones y soluciones esenciales. Sin alarmar. Sin esconder.
En una segunda entrega, perfilaremos la situación y los riesgos en los diversos países de la región. Mientras tanto, seguimos en prevención activa. Una conducta que no se vuelva solo exigencia a los otros. Ni se convierta en observación externa. Se precisa actoría solidariao. Y responsabilidad para disminuir vulnerabilidades en el futuro. No más permisos de construcción suicidas.

