Desde su estudio, rodeado de libros, fotografías, pinturas y manuscritos, el reconocido poeta chileno-palestino abrió las puertas de su mundo más personal a Revista Al Damir. Una conversación atravesada por la memoria, el arte, Palestina y la convicción de que la poesía todavía puede cambiar la humanidad.
Por: Valentina Jerez Selman
Hay oficinas que funcionan únicamente como lugares de trabajo. La de Theodoro Elssaca, en cambio, parece un territorio suspendido entre la literatura, la memoria y el viaje. Cada libro apilado, cada fotografía, cada pintura y cada objeto parecen contener una historia. Allí, entre manuscritos, expediciones, acuarelas y silencios, el poeta chileno-palestino recibe a Revista Al Damir con la misma calma con la que alguien abre un álbum íntimo construido durante toda una vida.
Hablar con Elssaca no es solamente entrevistar a un escritor es conocer a un chileno nombrado Ambassadeur du Cercle Universel de la Paix, France / Suisse. Es entrar a un universo donde la poesía convive con la antropología, la filosofía, la espiritualidad, la fotografía y la memoria cultural. Su relato avanza entre nombres, continentes, ríos, pueblos originarios y escenas que parecen extraídas de una novela de viajes. Y, sin embargo, todo desemboca siempre en el mismo lugar: el ser humano.

Con más de cuarenta años de trayectoria, Theodoro Elssaca se ha consolidado como una de las voces más singulares de la literatura chilena e iberoamericana. Poeta, ensayista, narrador, artista visual y fotógrafo antropologista, ha publicado más de veinte libros escritos en español, inglés, croata, rumano, varios de ellos traducidos también al francés y al árabe, llevando su obra a universidades, bibliotecas y encuentros literarios de distintos continentes.
Su trabajo cruza poesía, arte visual, pensamiento filosófico y memoria cultural. Ha compartido con figuras fundamentales de la literatura latinoamericana como Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Juan Gelman y Rafael Alberti, entre otros. Además de convivir intelectualmente con artistas y pensadores de distintas partes del mundo durante los más de diez años que vivió y estudió en Europa.
Antes de convertirse completamente en poeta, estudió Ingeniería Civil en Química. En esa época, a los 17 años, comenzó a asistir a las míticas clases de Nicanor Parra en la Universidad de Chile. Aquellas conversaciones terminarían modificando su vida para siempre. Poco después abandonó la ingeniería para entregarse completamente al arte, la escritura y los viajes. A partir de este periodo se trasladó a la Universidad Católica para continuar estudios de diseño, y licenciatura en estética.
Esa dimensión viajera atraviesa profundamente su obra. Recorrió África, Europa, Medio Oriente, Melanesia, Polinesia y la Amazonía, construyendo una mirada marcada por la observación cultural y humana. Pero fue precisamente la selva amazónica el territorio que más transformó su existencia y escritura. Durante una expedición sobrevivió a un accidente fluvial donde murieron sus tres amigos expedicionarios que lo acompañaban. Aquella experiencia marcaría para siempre su vida y daría origen a El espejo humeante-Amazonas, uno de sus libros más personales y conmovedores, que fue prologado por su amigo Gastón Soublette. Mientras recuerda ese episodio, la conversación se vuelve más silenciosa. Elssaca habla de la selva como quien habla de una herida abierta, pero también de una transformación espiritual irreversible.
Años después, Rapa Nui se convertiría en otro de sus grandes territorios creativos. Allí nació Rapa Nui. Hombre-Arte-Entorno, publicado en 1988, una obra bilingüe donde combina escritura, fotografía y documentación cultural realizada por él mismo.
Mientras hojea algunas páginas del libro, recuerda ceremoniales ancestrales, pinturas corporales, símbolos de fertilidad y relatos que aún conserva con precisión. Habla del Manu-Tara, del Mana, de las cavernas de Ana Kai Tangata y del Ombligo del Mundo como si todavía estuviera allí. En una de las fotografías aparece un hombre pascuense cubierto de pintura ritual. “Esos detalles hacen especial una imagen”, comenta observando incluso un pequeño grumo de pintura atrapado en la barba del indígena.
Pero si existe un símbolo que atraviesa toda la obra de Theodoro Elssaca, ese es el agua.
Su más reciente publicación, Voces del AGUA, presentada en espacios como la Universidad Complutense de Madrid, Casa de América y la Universidad de Alcalá de Henares, reúne 115 “poemas-navegaciones” junto a pinturas caligramáticas realizadas por el propio autor. El libro transforma el agua en una experiencia poética, visual y espiritual.

Para Elssaca, el agua representa origen, memoria, tránsito y dignidad humana. También resistencia.
Incluso su apellido parece dialogar con ese símbolo. Durante una conversación en París con egiptólogos amigos, uno de ellos le explicó que El-Saqa o Al-Saqa significa “el que da de beber” o “el que entrega el agua”. Desde entonces, esa revelación parece haberse convertido también en una metáfora de su propia obra.
La relación con Palestina aparece constantemente en su discurso. Orgulloso de sus raíces árabes y palestinas, recuerda con profunda emoción a sus padres y sus cuatro abuelos provenientes del Medio Oriente. Mantiene una estrecha relación con la comunidad palestina en Chile y con el Club Palestino, donde ha sido jurado de concursos literarios. Amigo de médicos escritores y artistas -actualmente es el presidente del jurado del concurso literario del Colegio Médico de Santiago-, realizó recientemente una presentación solidaria de Voces del AGUA, presentado por la doctora Teresa Chomalí y el doctor Reinaldo Bustos, con los cuencos mágicos de cuarzo y de bronce de la psicóloga Francisca Hagar. Los fondos recaudados por la ventade suslibros fueron destinadosa laUnión Árabe de Beneficencia.
Nunca ha visitado Palestina. No porque no quiera, sino porque —según explica— los ignominiosos checkpoints o puntos de control obligados por el ejército sionista de ocupación y las condiciones que vive el pueblo palestino le provocan un dolor difícil de soportar. Habla de Gaza desde la sensibilidad de un poeta, pero también desde la herida de alguien que siente esa historia como propia.
“La única esperanza es el cambio cultural”, repite varias veces durante la conversación.
No lo dice como una consigna política, sino como una convicción humana. Para él, el mundo necesita invertir menos en destrucción y más en hospitales, escuelas, arte y dignidad. Palestina aparece entonces no solo como territorio, sino como símbolo del sufrimiento humano contemporáneo.
Actualmente, Elssaca vive uno de los momentos más activos de su carrera. En los próximos días viajará nuevamente a Francia para representar a Chile en festivales internacionales de poesía en París. Paralelamente prepara el lanzamiento en Italia de Amatoria, un nuevo libro bilingüe italiano-español traducido por la poeta y editora Stefania Di Leo, con prólogo de Susanna Bazzano.
La publicación reunirá algunos de sus poemas más sentidos y será distribuida en universidades, bibliotecas y centros culturales italianos. Al mismo tiempo, más de ciento cincuenta de sus poemas están siendo traducidos al árabe por el poeta egipcio Khalid Raissouni para futuras presentaciones en Rabat y El Cairo.
Resulta al menos anecdótico recordar que Theodoro mandó su poema Círculo Polar” o “Polar Circle” y fue seleccionado por un jurado internacional para el PROYECTO POLARIS de la NASA (disponible en Amazon), y fue enviada en versión bilingüe en una cápsula a la Luna en marzo de 2025 junto a otras obras, poniendo en relieve el arte y creación humana en su máxima expresión.

En medio de la conversación, Elssaca se detiene unos segundos frente a sus libros. Los observa con la tranquilidad de quien entiende que cada obra contiene una parte de su propia vida. Algunos están dedicados a sus padres; otros, a compañeros de viaje, amistades o amores que marcaron distintas etapas de su existencia.
“Si no pudiera escribir, moriría”, dice en voz baja.
Y quizás ahí, en esa frase sencilla pronunciada entre sus obras y memorias, aparece realmente el lado más profundo de Theodoro Elssaca: un hombre que hizo de la poesía una forma de resistencia, del arte una manera de amar el mundo y de la escritura una razón para seguir habitándolo.
Mientras leemos esta entrevista, Theodoro ya se encuentra representando a Chile con su obra Voces del agua en el corazón de París, durante su participación en el relevante e histórico Marché de la Poésie, haciendo verbo su emblemática frase que lo impulsa pasión sin pausa hasta el último latido.

