Por Alfredo Astorga
Los docentes enfrentan viejos y nuevos problemas. Un sistema educativo colapsado y un entorno de violencia. Su vida corre peligro. Su profesión también.
El docente-héroe que primó en otros tiempos ya no existe más. En muchos países de AL los docentes tuvieron su momento de esplendor y prestigio. En algunos, gracias a las revoluciones liberales y a las Escuelas Normales. Formación sólida, aprendizaje teórico-práctico, convicción y compromiso social. Figura respetada, casi sagrada. Autoridad moral y cultural. Palabra que orientaba, corregía, aportaba en la formación de ciudadanos.
Las condiciones nunca fueron óptimas (salario, formación, implementos…) pero los maestros llegaban a todos los lugares, se insertaban proactivamente en las comunidades. Sus roles superaban el aula. Aquellos maestros se han ido extinguiendo. No por falta de voluntad, aunque sí, y en parte, por inacción.
Hoy los docentes navegan en un sistema en crisis. La problemática integral de las escuelas les hace tambalear. Con algunas diferencias, el conflicto se extiende. Según organismos como UNESCO, CEPAL, Banco Mundial, las dificultades son graves en Haití, Venezuela, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Bolivia, Perú, Ecuador. Las carencias van desde la infraestructura hasta la baja escolarización, el abandono de maestros y niños, el trabajo infantil, las brechas de calidad. Casi todos los informes, rescatan avances en Chile, Uruguay y Costa Rica, aunque persisten críticas y desigualdades.
Vale mencionar algunos rasgos de esta crisis que golpea a la docencia. El primero es que los estudiantes no están aprendiendo. Crisis de aprendizaje, de sentido, que sacude el corazón y la misión esencial de la escuela. Y cuestiona el rol de los docentes.
Las causas son múltiples. Una primera es el arrinconamiento de la pedagogía. Todo se volvió importante, menos la pedagogía, el arte de enseñar-aprender. Las tareas administrativas lo coparon todo: planificaciones exhaustivas, estándares, indicadores, evidencias, evaluaciones, estadísticas. Complejos informes a viejas y nuevas autoridades. Casi nunca se hacía seguimiento y peor superación de los vacíos.
Una segunda es la dictadura la “pedagogía blanda”. Pérdida de rigor académico. Todo vale, todos pasan. La promoción reemplazando al aprendizaje. Las evaluaciones se multiplican. Los derechos por delante, las obligaciones ausentes. Y una presión adicional: la utilización anacrónica de las nuevas tecnologías. El docente dejó de ser la única palabra respetada. La tecnología le arrebató la palabra.
A nivel de la docencia, esta crisis estructural se expresa en la incertidumbre sobre la misión y la pérdida de autoridad. Con un agravante mortal: la irrupción de la violencia.
Los docentes han estado sometidos a múltiples cambios curriculares. Al currículo se le han pegado temas, ejes transversales, metodologías de proyectos, individualización e inclusión, plataformas tecnológicas, modelos inéditos de planificación; todo con carácter prioritario y urgente. Pedazos sin unidad. El maestro, pierde el rumbo. Y asume por adaptación y sobrevivencia múltiples roles… padre de familia, mediador, trabajador social, sicólogo, coach. Muchos docentes navegan en la incertidumbre. Y hacen lo que pueden, lo mejor que pueden. Se acomodan, resisten, sobreviven.
La pérdida de autoridad se vuelve trampa mortal. Cualquier decisión disciplinaria se vuelve problema legal, mediático, familiar. Se evocan leyes y derechos, se judicializa la educación. Una llamada de atención, una baja calificación o una sanción pueden derivar en insultos, denuncias exageradas, campañas de hostigamiento. Toda forma de autoridad empieza a verse con sospecha.
Nuevo invitado: la violencia
Para completar el cuadro, irrumpe o se multiplica la violencia. A más de la interna (bullying, agresiones, armas) emerge la externa (del entorno). Y surgen los docentes amenazados, extorsionados, acosados en las redes, advertidos, chantajeados, pegados. Las autoridades no respaldan al maestro. Y el miedo paraliza y quiebra la autoridad y amenaza la existencia misma de una profesión otrora brillante, socialmente valorada.
La situación por supuesto, no es uniforme. Pero la violencia está presente con fuerza en varios países: Colombia, México, Brasil, Venezuela, Honduras, El Salvador, Ecuador… Docentes de carne y hueso en peligro. Docentes contra la pared sobreviviendo. Seres humanos y profesión amenazada. Trabajo en que desapareció la paz.
Las soluciones son estructurales e incluyen a la familia. Pero hay algo clave: el rol de los propios maestros y sus organizaciones. Se han atrincherado en el “gremialismo”. Y por defender sus reivindicaciones legítimas han descuidado el análisis y la propuesta en torno a la profesión, a la pedagogía, al sistema. ¿Dónde están ahora las organizaciones docentes? ¿Cuál es su visión? ¿Cuáles sus propuestas de cambio?

