Por Juan Carlos Diez para La Voz Internacional de New York
La tierra se quebró en San José del Palmar, dejando una cicatriz que se sintió desde el Chocó hasta el corazón de las grandes metrópolis colombianas, todo por el violento sismo grado 7,4. en la escala de Richter
El gran sismo que despertó a la nación
La mañana transcurría como cualquier otra en el Pacífico colombiano hasta que la naturaleza decidió recordar su fuerza implacable. En un parpadeo, el suelo bajo el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, se sacudió con una furia violenta. El Servicio Geológico Colombiano confirmó lo que millones de ciudadanos ya sabían en carne propia: un terremoto de magnitud 7.4 y de profundidad superficial había golpeado al país, rompiendo la calma y extendiendo su eco hasta Ecuador y Panamá.
En las calles de Cali, Pereira y Medellín, el asfalto pareció convertirse en olas líquidas. El crujido de las estructuras de concreto interrumpió el tráfico y los gritos de alerta no tardaron en inundar el aire. En Manizales, las miradas de terror se concentraron en la emblemática Catedral Basílica Metropolitana, donde una de sus estructuras superiores se desprendió parcialmente, quedando suspendida de forma milagrosa y dejando una imagen que congeló el corazón de los testigos. Es en Pereira donde se concentra la mayor cantidad de fallecidos y damnificados,
Algunas de las afectaciones más graves se concentraron en templos históricos, terminales aéreas y centros de salud de los departamentos del Chocó, Valle del Cauca y el Eje Cafetero
La marea humana de la evacuación
El pánico colectivo empujó a miles de personas a abandonar oficinas, colegios y apartamentos de más de diez pisos en Bogotá y otras capitales. Las escaleras de emergencia se llenaron de pasos apresurados y rostros pálidos, mientras las alarmas de evacuación sumaban su estridencia al caos. En los puntos de encuentro públicos, los teléfonos colapsaron; todos buscaban escuchar la voz de un ser querido al otro lado de la línea para asegurarse de que el susto no había pasado a mayores.
Sin embargo, las noticias que empezaron a llegar desde las zonas más cercanas al epicentro tiñeron el día de preocupación. Los organismos de socorro activaron de inmediato las alertas máximas en el Eje Cafetero y el Valle del Cauca, donde el sismo golpeó con especial dureza. Mientras las réplicas continuaban haciendo vibrar el suelo, los rescatistas iniciaron su labor contrarreloj: remover escombros en busca de sobrevivientes atrapados en edificaciones colapsadas.
Un país en Puesto de Mando
El panorama obligó a una respuesta gubernamental inmediata. Las autoridades confirmaron la lamentable noticia de las primeras víctimas fatales y personas atrapadas bajo las estructuras caídas en Chocó y el Eje Cafetero. Ante la magnitud de la emergencia, el presidente de la República de Colombia anunció la instalación urgente de un Puesto de Mando Unificado (PMU) para centralizar el rescate, coordinar las ayudas civiles y evaluar de manera oficial los daños estructurales a nivel nacional.
El sismo no solo agrietó paredes y monumentos históricos; también sacudió la tranquilidad de todo un país que hoy, entre la zozobra de nuevas réplicas y la solidaridad comunitaria, intenta ponerse en pie una vez más frente a los designios de la geografía.
El país fue declarado en situación de desastre nacional y se reportan, hasta ahora, 111 fallecidos.

