por Juan Carlos Diez para La Voz Internacional de New York
26 de junio de 2026
En los salones del Museo Palacio Vergara de Viña del Mar, se ha inaugurado la singular exposición Tàpies, colección del grabador Barbará del afamado artista español Antoni Tàpies.
Esta muestra exhibe por primera vez en Viña del Mar obras de Antoni Tàpies, una de las figuras más influyentes del arte español contemporáneo y referente del informalismo, en una propuesta que dialoga con los lenguajes del grabado local, vinculando abstracción y materia en un cruce histórico y estético que invita a reflexionar sobre el arte, la libertad y la enseñanza artística.
Las obras pertenecen a la colección del grabador catalán Joan Barbarà, colaborador fundamental en el desarrollo de la producción gráfica del artista.
Antoni Tàpies, nacido en Barcelona en 1923, fue pintor, grabador y escultor, y una de las figuras decisivas de la renovación artística europea de posguerra. Su obra se inscribe en el informalismo y se caracteriza por la experimentación material, la intensidad gestual y la exploración de signos, superficies y símbolos que remiten a la memoria, la condición humana y la espiritualidad.

Artista Antoni Tàpies
A lo largo de su trayectoria alcanzó reconocimiento internacional, y su obra continúa siendo ampliamente estudiada, exhibida y conservada en colecciones y museos de Europa y del mundo.
Su producción grafica ocupa un lugar central en su legado, y en ella fue fundamental la colaboración con Joan Barbarà, destacado grabador y artista catalán estrechamente vinculado al desarrollo de su obra en papel.
A 14 años de su fallecimiento, el legado de Tàpies sigue siendo una referencia imprescindible para comprender las transformaciones del arte contemporáneo.
La muestra tiene una doble curatoría. Por una parte, está Eulogio Rojas Durán y también está Roberto Acosta Oyarzo.
A la ceremonia asistieron numerosas personas amantes del arte y figuras representativas del arte nacional, que en gran medida contribuyeron a que esta exposición se pudiera exhibir en Chile.

En el texto de la presentación exhibida en la muestra, se leen relevantes comentarios, que a continuación transcribo por su aporte a la exposición.
La exposición, bajo el título «Tàpies (colección del grabador Barbarà)», está formada por 29 obras, en su mayoría grabados Bon à Tirer del pintor catalán Antoni Tàpies pertenecientes a la colección del grabador Joan Barbarà (Barcelona, 1927-2013), quien trabajó con Tàpies y también fue el grabador de Miró y Picasso, entre otros nombres destacados. Los Bon à Tirer son las piezas que el artista considera perfectas y se usan como modelo para las tiradas de grabados, que deben acercarse al máximo a su calidad. Son el número 0, que con frecuencia se queda el grabador y tienen anotaciones a lápiz del propio artista.
Las obras que componen la exposición abarcan un amplio repertorio estilístico del autor, pudiéndose apreciar las diversas fases creativas de Antoni Tàpies, aunque predominan obras de la década de los años 80, en la que Tàpies recibió homenajes como el Premio de la Fundación Wolf de las Artes (1981), o la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya (1983). Se incluye en la muestra un grabado original del propio grabador (Toro goyesco), ya que la muestra constituye también un homenaje a tan destacado grabador.
La exposición «Tàpies (colección del grabador Barbarà)» ha sido adquirida en su totalidad a los herederos del grabador Joán Barbará y constituye un homenaje y un reconocimiento a la figura de este destacado grabador, quien afirmaba disfrutar con la colaboración con Tápies por su enorme exigencia y su espíritu de vanguardia.
Federico Fernández.
Director cultural de FUNIBER.

Perspectiva curatorial.
La obra de Antoni Tapies que se exhibirá por primera vez en Viña del Mar en el Museo Palacio Vergara, tiene un especial simbolismo dado el cruce estético que se presenta con la obra gráfica del grabador Carlos Hermosilla cuyo emblemático taller ha funcionado por casi 80 años en este palacio.
La obra de Antoni Tàpies debe comprenderse dentro del contexto de la Europa de posguerra. La devastación de la Segunda Guerra Mundial y las heridas aún abiertas de la Guerra Civil Española produjeron una crisis profunda en el campo de las imágenes.
Frente a ello, el informalismo español compuesto por artistas como Rafael Canogar, Antonio Saura, Manuel Miralles y el mismo Tapies, entre otros, van a responder desde la abstracción, la materia y el trazo gestual al desastre provocado por las guerras. Esta nueva subjetividad es lo que también se va a observar en la nueva escuela de París o lo que veremos en el expresionismo abstracto estadounidense.
Hay un escenario propicio para la mancha y su lenguaje informal, matérico, subjetivo donde el ejercicio de la mímesis y lo representacional da paso al gesto, la huella, la textura como vehículo discursivo, una nueva forma de posición política y sobre todo filosófica frente al mundo.
Son años de renovación visual, de validación conceptual, la libertad creativa es el lema programático de este nuevo orden mundial.

Presentes en la inauguración: Eulogio Rojas Durán, Vivian Lipari Zegarra, Roberto Acosta Oyarce y Claudio Vergara Melián
El Jazz, la música experimental, la abstracción son el encuadre normativo para esta nueva vanguardia. Esto sin duda demanda una renovación a los intereses narrativos de cualquier artista afiliado al partido comunista cuyos márgenes discursivos se construyen de elementos «reales», o tratando de ser más precisos, proveniente del reino de la mímesis. También es cierto que numerosos artistas abstractos fueron militantes de izquierda o comunistas, y no entendían la abstracción como una renuncia al compromiso político.
Para artistas como Tapies, la materia, el gesto y el signo constituyeron una alternativa a los lenguajes figurativos vinculados a proyectos ideológicos cerrados. Sin embargo, en la escena artística dominante vinculada al partido y en un afán por homologar la experiencia visual, la figuración es útil para tributar en las consignas, es universal, popular, de masas. La abstracción es todo lo contrario, es subjetiva, personal y compleja.
Adonde queremos llegar con esto: en términos de filiaciones estéticas podemos decir entonces que el informalismo español dialoga con las experiencias de la nueva escuela de París y del Expresionismo Abstracto estadounidense, estableciendo un sistema simbólico en oposición al bloque soviético. Aun cuando, el realismo social no fue únicamente un instrumento propagandístico ya que, para muchos artistas latinoamericanos, constituyó una herramienta de denuncia social y transformación cultural. Sin embargo, esta variable se entendía como una ampliación de los márgenes de la propaganda cuya finalidad seguía siendo el mensaje colectivo de masas.
En el contexto de la guerra fría, y desde una posición distinta, la abstracción fue leída por la crítica como una suerte de emancipación de la mirada aferrada a la realidad representacional dominante.
Desde esa perspectiva, resulta interesante observar cómo estos debates llegan también a Chile a través del grupo Signo; Balmes, Barrios, Martínez Bonati, entre otros, cercanos a los informalistas españoles, asumen dichas estrategias, la mancha, la materia y el signo como insumos para la creación. Siendo artistas militantes, perseguidos y exiliados, su búsqueda aspiraba a una comprensión del ser, era una dimensión ontológica que renovaba la escena chilena de manera radical.
En paralelo, Antúnez funda el Taller 99 en Santiago bajo los lineamientos estéticos de Hayter quien ya había sido iluminado por los principios de autonomía del Arte, los cuales llevará al ámbito del grabado como eje central de su práctica.

Carlos Hermosilla, décadas atrás, ya había instalado la enseñanza del grabado en Viña del Mar bajo los lineamientos estéticos adquiridos por Bontá en la escuela de Artes Aplicadas. El mismo Bontá señala que la enseñanza en dicha institución deber ser «de corte nacional y socialista». Esto articula, por décadas los márgenes que Hermosilla graba en la escena del grabado viñamarino y porteño. Para Hermosilla, el grabado tiene una función social, un rol educativo de masas ajustado a las exigencias programáticas del partido comunista soviético. A partir de esta reflexión es que uno podría entender por qué Hermosilla no trabajó la abstracción, cuyos primeros indicios comienzan a aparecer recién en la década de los sesenta abordando desde el cubismo y no desde la mancha.
Hoy en día en una Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar cercana a cumplir 90 años la presencia de Tápies en el Museo permite interrogar, desde una perspectiva crítica, modelos de enseñanza, las experiencias artísticas programáticas y sus consecuencias, contrastar procesos creativos objetivos y medios discursivos.
A partir de esta exposición es posible preguntarse ¿de qué manera los marcos estéticos programáticos condicionan o amplían las posibilidades de desarrollo de un lenguaje artístico en el devenir visual gráfico de una región?, ¿Cómo influyen estos márgenes políticos en la velocidad con que una escena artística incorpora nuevas formas visuales en la escena del grabado regional?, ¿Hasta qué punto la adhesión a un programa estético e ideológico condicionó el desarrollo del grabado en Viña del Mar durante el siglo XX?
Roberto Acosta
Artista visual
Curador de la muestra.
En la ceremonia de inauguración, entre otros, hizo uso de la palabra Vivian Lipari, directora en Chile de la Fundación Universitaria Iberoamericana, FUNIBER, quien en su alocución resaltó la importancia de la obra diciendo:

Es un gusto enorme saludarlos en nombre de FUNIBER. Para nosotros, este tipo de encuentros tiene un valor especial, porque nos permite conectar dos mundos que creemos inseparables: la educación y la cultura.
Hoy los invitamos a adentrarse en una exposición muy singular. no se trata solo de una muestra de grabados, sino de una especie de “puerta de entrada” al proceso creativo de uno de los grandes artistas del siglo XX, Antoni Tàpies, de la mano de quien fue su cercano colaborador, el grabador Joan Barbarà.
En el universo de Tàpies, los muros hablan, las texturas cuentan historias, y lo aparentemente simple se transforma en un espacio de reflexión sobre el paso del tiempo, la memoria y la condición humana.
Antoni Tàpies, una figura central de la segunda vanguardia española, se estableció como un referente clave en la pintura del siglo XX. Joan Barbarà, por su parte, fue un destacado artista que desempeñó un papel crucial en la difusión del arte, al recibir en su taller a figuras tan relevantes como Joan Miró, Picasso y Matisse.
Lo interesante —y poco habitual— es que las obras que verán aquí no son simplemente ediciones finales. Son bon à tirer, es decir, piezas que el propio Tàpies aprobó como modelo perfecto para las impresiones posteriores. En otras palabras, estamos frente a obras que conservan algo muy cercano al gesto original del artista, incluso con anotaciones hechas por él mismo. Es casi como asomarse a su taller, a su momento de decisión.

A lo largo del recorrido, podrán ver cómo evoluciona su lenguaje: desde sus primeras búsquedas vinculadas al grupo Dau al Set, hasta ese estilo tan propio donde la materia se vuelve protagonista. Tàpies nos desafía a mirar distinto: a encontrar sentido en lo simple, en lo desgastado, en aquello que muchas veces pasamos por alto.
Y detrás de todo esto, aparece también la figura de Barbarà, un verdadero maestro del grabado. Su rol no fue solo técnico, sino profundamente creativo: fue un puente entre la idea y la obra, entre el artista y el resultado final.
Las obras que componen esta exposición abarcan un amplio repertorio estilístico del autor, pudiéndose apreciar diversas fases creativas, aunque predominan obras de la década de los años 80, en la que Tàpies recibió homenajes como el premio de la fundación Wolf de las Artes (1981), o la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya (1983).

Se incluye en la muestra un grabado original del propio Barbará (el Toro Goyesco), ya que la muestra constituye también un homenaje a tan destacado grabador.
Como FUNIBER, creemos profundamente en la difusión y proyección del arte. Por eso impulsamos este tipo de iniciativas, que permiten que colecciones como éstas viajen y lleguen a distintos países, acercando el arte a nuevas audiencias y generando espacios de encuentro y reflexión.
Y en ese mismo espíritu, queremos destacar especialmente la colaboración de la Ilustre Municipalidad de Viña del Mar y de la Universidad Adolfo Ibáñez, con quienes compartimos la convicción de que el acceso al arte y al conocimiento debe ser una experiencia abierta, viva y significativa.
Los invito a recorrer esta muestra con una mirada curiosa y sensible. Permítanse detenerse en los detalles y en los silencios que habitan cada obra. porque, como decía Tàpies, “la obra de arte debe dejar una huella en la conciencia del espectador”.
Felicitamos sinceramente la iniciativa de traer a Chile una exposición de la envergadura de Tàpies. La inspiración y creatividad es la carta de presentación en cada una de las obras del artista.
Información
Ubicación del Museo Palacio Vergara: Errázuriz 596, Viña del Mar, Chile
Horario de funcionamiento: martes a domingo de 10:00 a 17:30 horas
Duración: la muestra estará abierta desde el 26 de junio hasta el 23 de agosto de 2026
La entrada es gratuita
Redes Sociales del artista:
Instagram: @antoni.tapies y @fundaciotapiesmuseum
Pueden seguir al Museo Palacio Vergara en @museopalaciovergara y al Departamento de Cultura en @culturasvina. Allí conocerán todos los panoramas y eventos que ofrece el Municipio de Cuidados de Viña del Mar a la comunidad.

