Redacción LVI
Lo que comenzó como una esperanza tras el anuncio de las leyes de amnistía en febrero, se ha convertido en una agonía prolongada. Familiares de detenidos por motivos políticos cumplieron ayer 100 días de vigilia ininterrumpida frente a las cárceles venezolanas, denunciando que el proceso de liberaciones prometido por el gobierno se ha estancado entre la desinformación y el maltrato.
A pesar de que voceros oficiales como Jorge Rodríguez han asegurado que miles de ciudadanos han sido beneficiados, en las puertas de recintos como El Rodeo 1, el ambiente es de desolación y exigencia de justicia.
Andreína Baduel, representante del Comité por la Libertad de los Presos Políticos (CLIPP), lanzó una alerta urgente desde las afueras de El Rodeo 1, centro penitenciario que activistas califican como un «centro de torturas».
Baduel denunció un recrudecimiento del trato cruel en los últimos diez días y expresó su profunda preocupación por la vida de su hermano, Josnars Baduel, quien permanece con las visitas suspendidas de forma arbitraria desde hace dos semanas.
Las cifras de la discordia
Existe una brecha alarmante entre los datos oficiales y los registros de las organizaciones de derechos humanos:
- Registros de ONG: Según el Foro Penal, todavía persisten 477 presos políticos en Venezuela; de ellos, 111 se encuentran recluidos en El Rodeo 1.
- Versión Oficial: El gobierno afirma haber otorgado amnistía a más de 8,000 personas.
- El conflicto: No existe un listado público con los nombres de los beneficiarios, lo que impide verificar quiénes han sido realmente liberados y quiénes continúan tras las rejas.
Ante la falta de claridad, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, ha intervenido formalmente solicitando a las autoridades venezolanas la publicación de los datos de los amnistiados. La opacidad del proceso ha generado un clima de desconfianza tal que las familias han decidido no abandonar las afueras de los penales hasta ver la libertad plena de sus parientes.
La vigilia de 100 días es, hoy por hoy, el símbolo más visible de la resistencia de una sociedad que exige que las promesas de reconciliación política se traduzcan en hechos concretos y verificables.

