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Shirley Segovia: de Esmeraldas a Nueva York, una vida guiada por la fe, la resiliencia y el servicio

Dom 16 de Ago de 2026
in Nacionales, Para pensar
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Por Ana Reyes, La Voz Internacional

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Hay historias que inspiran por los logros alcanzados y otras que conmueven por el camino recorrido. La de Shirley Segovia reúne ambas cualidades. Nacida en Esmeraldas, Ecuador, emigró siendo niña a Estados Unidos, enfrentó un diagnóstico de cáncer de piel, vivió momentos de pobreza extrema y discriminación, y hoy suma más de dos décadas de trayectoria en el sector de la salud, dedicada a servir a las comunidades más vulnerables.

Con una sonrisa serena y la convicción de que cada dificultad tuvo un propósito, Segovia comparte una historia marcada por la gratitud, la perseverancia y el deseo de tender la mano a quienes hoy atraviesan desafíos similares.

Mi infancia estuvo llena de amor. Dejó una huella profunda en mi vida y seguridad emocional y bellos recuerdos.

Llegar a un nuevo país con apenas 300 dólares, una maleta y un diagnóstico de salud adverso parece un escenario insuperable, pero para Shirley Segovia fue el punto de partida de un camino transformador. Tras enfrentar la pobreza, la discriminación y superar un cáncer de piel a temprana edad, logró convertir cada desafío en una misión de vida dedicada al servicio de la salud y el bienestar comunitario.

Shirley Segovia es de origen ecuatoriano, ejecutiva del plan de salud Metro Plus. Líder comunitaria quien a través de sus proyectos promueve la representación de la comunidad latina y fomenta la participación de las mujeres en puestos de liderazgo inspirando generaciones

Shirley, ¿cómo recuerda sus primeros años en Ecuador?

Tuve una infancia llena de amor. Fui criada por mis abuelos maternos mientras mi madre trabajaba para ofrecer un mejor futuro. Crecí rodeada de cariño y valores, sin imaginar que la vida nos llevaría a comenzar de nuevo en otro país.

¿Cuál fue su primera impresión al llegar a Nueva York y enfrentar esa nueva realidad?

Mi madre nos dijo que íbamos de vacaciones, pero al llegar entendí que empezaba una nueva vida. Todo cambió. Vivimos momentos difíciles mientras ella trabajaba largas jornadas para salir adelante. Aprendimos a empezar desde cero.

Poco después recibió una noticia muy difícil, ¿cómo vivió ese momento?

Durante el examen médico para ingresar a la escuela me diagnosticaron cáncer de piel. No teníamos seguro médico y nos dijeron que no podían operarme. Fue uno de los momentos más duros para mi familia. Pero ese mismo día apareció una persona que nos ayudó a conseguir cobertura médica. Gracias a esa ayuda, pude recibir las cirugías que salvaron mi vida.

Años después decidió regresar sola a Estados Unidos. ¿Qué la motivó a dar ese paso?

Sí. Volví con apenas 300 dólares, una maleta y muchos sueños. Sabía que no sería fácil, pero sentía que Dios tenía un propósito para mi vida y que algún día podría ayudar a otras personas.

¿Qué fue lo más difícil de ese proceso de adaptación en solitario?

Hubo días en los que apenas tenía para comer un pedazo de pan. Vivía sola, sentía miedo y muchas veces lloraba en silencio. También enfrenté discriminación y acoso. Sin embargo, nunca perdí la esperanza.

En varias ocasiones habla de los «ángeles» que encontró en el camino. ¿Quiénes fueron esas personas para usted?

Son personas que Dios puso en mi vida cuando más las necesitaba. Una señora dominicana me abrió las puertas de su casa cuando no tenía dónde ir. Un jefe creyó en mí y me ayudó a terminar mis estudios. Ellos me enseñaron que la bondad puede cambiar una vida.

Hoy lleva más de veinte años trabajando en el sector de la salud. ¿Qué representa esa labor para usted?

Es mi manera de devolver lo que recibí. La primera persona que me ayudó consiguió para mí un seguro médico; años después terminé trabajando precisamente para ayudar a otras familias a acceder a esos mismos servicios. Comprendí que todo tenía un propósito.

¿Qué les diría a quienes hoy llegan a Estados Unidos buscando un futuro mejor?

Nunca dejen de creer en ustedes. Aprendan, estudien, trabajen con honestidad y ayuden a quienes vienen detrás. Ninguna dificultad dura para siempre. Cuando uno mantiene la fe, trabaja con disciplina y sirve a los demás, los sueños comienzan a hacerse realidad.

Además de su carrera, usted dedica tiempo al acompañamiento de personas en momentos difíciles. ¿Cómo resume la lección de su historia?

Llegué a Nueva York con 300 dólares y muchos miedos, pero descubrí que cuando la fe, la educación y el servicio caminan juntos, ningún sueño es demasiado grande.

Ante las circunstancias difíciles que ha atravesado, ¿cuál es la convicción principal que guía su labor diaria?

La convicción de que las circunstancias no determinan el destino y que cada acto de solidaridad puede transformar una vida, demostrando que con gratitud, perseverancia y deseo de tender la mano se pueden superar las adversidades.

La entrevista explora la historia de Shirley Segovia, ejecutiva ecuatoriana en el sector salud y líder comunitaria en Nueva York. En ella, relata cómo superó la pobreza, la discriminación y un cáncer de piel en su infancia, convirtiendo esos desafíos en una misión de vida dedicada al servicio de los demás, la fe y el empoderamiento de la comunidad latina.

Una historia que continúa

Hoy, además de su carrera profesional, Shirley Segovia dedica parte de su tiempo al acompañamiento y orientación de personas que enfrentan momentos difíciles. Su experticia laboral le permite ayudar e informar a otras personas de cómo obtener acceso a seguro de salud. Su historia demuestra que las circunstancias no determinan el destino y que cada acto de solidaridad puede transformar una vida. Sobre todo, que cuando creemos en nosotros mismos y ponemos nuestra fe en Dios, todo es posible.

Como ella misma resume:

«Llegué a Nueva York con 300 dólares y muchos miedos, pero descubrí que cuando la fe, la educación y el servicio caminan juntos, ningún sueño es demasiado grande.»

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