Por Juan Carlos Diez para La Voz Internacional de New York
La historia del fútbol es muy interesante, aunque me atrevería a decir que, si la comparamos con lo que sucede en la actualidad, hay muchas y significativas diferencias que, a mi parecer, lo hacen menos atractivo.
Cuando se fundó la The Football Association en 1863 y se escribieron las primeras reglas oficiales, el juego era mucho más simple y ofensivo.
Algunas diferencias que podemos destacar son:
No existía el fuera de juego como hoy lo conocemos. La regla era mucho más estricta: un jugador que recibía el balón debía tener tres rivales entre él y la portería. Eso obligaba a avanzar casi todos juntos. Con el tiempo se redujo a dos rivales (normalmente el último defensor y el arquero), que es la regla actual.
Se atacaba en masa. Era común ver formaciones como 1-2-7 o incluso 1-1-8. ¡Había siete u ocho delanteros! La idea era ir todos hacia el arco rival.
El arquero tenía pocos privilegios. Al principio podía usar las manos en una zona mucho más amplia, pero luego esa facultad se fue restringiendo hasta el área penal.
Los pases eran menos frecuentes. Predominaba la habilidad individual. Un buen jugador intentaba superar a varios rivales por sí solo. Los equipos escoceses fueron los primeros en desarrollar el juego de pases, y revolucionaron el fútbol.
El balón y las canchas eran muy distintos. Las pelotas de cuero absorbían agua y se volvían muy pesadas cuando llovía. Los campos eran irregulares y las porterías ni siquiera tenían travesaño al principio; se usaba una cinta entre los postes.
Con el paso de las décadas, el fútbol se volvió más táctico. Algunos entrenadores introdujeron sistemas defensivos más organizados, y luego aparecieron conceptos como el marcaje zonal, la presión y el juego de posesión.
Lo curioso es que antes el fútbol era más directo. No necesariamente porque hubiera mejores jugadores, sino porque la mentalidad era distinta. Se entendía que el objetivo era llegar al arco rival cuanto antes y anotar goles.
Hay una anécdota que refleja ese cambio. A principios del siglo XX, un defensa que daba demasiados pases hacia atrás podía ser abucheado por su propia hinchada. Hoy, en cambio, un equipo puede tocar el balón entre el arquero y los centrales durante un minuto entero sin que el entrenador se incomode, porque forma parte de la estrategia.
En realidad, desde hace más de 150 años el fútbol ha estado buscando un equilibrio entre dos ideas: la seguridad táctica y el deseo de atacar. Y cada generación tiene una opinión distinta sobre dónde debería estar ese equilibrio.
A mi parecer, a lo menos, hay dos aspectos que hoy debieran ser revisados y modificados para hacer más atractivo ese deporte: los pases hacia atrás y el fuera de juego.
Hoy es muy raro encontrar equipos que sean ofensivos en su esquema de juego. Más bien, la gran mayoría ha optado por pararse en la cancha bajo un esquema que los lleva a jugar para no perder en vez de jugar para ganar. Eso los lleva a desarrollar su juego táctico con múltiples pases hacia atrás. Así, el fútbol ha vuelto mecánico. Todos los equipos juegan ahora en forma parecida y la creatividad casi no existe en el campo de juego. Los jugadores esperan estáticos que les llegue la pelota a sus pies y no se desmarcan para distraer al contendor y abrir espacios para recibir un pase producto de esa desmarcación. Lo que sí hay son muchas jugadas de laboratorio, y está muy bien que existan. El problema es la no creatividad en el desarrollo del partido, en vivo y en directo.
En mi juventud fui futbolista y, en general, la alineación de los equipos obedecía al esquema de 3-2-5, o sea, muy ofensivo. La idea era crearse las oportunidades de marcar un gol y muchos más en cada partido.
Respecto de la segunda situación, el fuera de juego, curiosamente, el fútbol sí se jugó sin fuera de juego en sus orígenes durante el siglo XIX. La nueva regla se introdujo precisamente porque los delanteros se quedaban esperando junto al arco rival, lo que hacía el juego poco atractivo.
Considero que eliminar el fuera de juego haría el fútbol más goleador, con más emoción y creatividad. Es probable que algunos analistas crean que el deporte perdería buena parte del equilibrio entre ataque y defensa que lo caracteriza hoy, pero yo insisto en que si un equipo permite que un delantero se quede solo cerca de su arco para recibir un pase y marcar un gol sim mayor problema, yo replico que ese equipo tiene exactamente la misma posibilidad de hacer lo mismo y la solución es no permitir que el delantero quede solo.
En los últimos años, International Football Association Board ha estudiado variantes, como la llamada «ley Wenger», propuesta por Arsène Wenger. En esa versión, un jugador solo estaría en fuera de juego si todo su cuerpo estuviera por delante del último defensor; si cualquier parte del cuerpo con la que puede marcar gol estuviera alineada con el defensor, la jugada sería válida. Esta modificación busca favorecer el ataque sin eliminar por completo la regla.
El mayor problema en la actualidad es la tecnología, la que detecta que un jugador está fuera de juego por un centímetro adelantado y se anula la jugada. Se pierde tiempo en el análisis, se pierde la continuidad y afecta el ánimo de quien anotó el gol que fue anulado por un centímetro de adelantamiento. Todo eso, ajeno al juego que debiera tener mayor continuidad y dejar jugar.
El fútbol clásico era más pasional que el actual, ya que no había tantas peleas. Las pérdidas de tiempo eran más moderadas y no se veían tantos jugadores hacer teatro como hoy en día. Los jugadores tenían un mayor aguante a las patadas y las caídas.
No hay que perder de vista que, como deporte, lo que se pretende es ganar… no perder ni empatar. Y eso, al parecer, muchos lo han olvidado. Hoy es mucho más importante saber cuánto dinero se va a generar globalmente producto del fútbol, en vez de ser la entretención familiar que era antaño con partidos atractivos.

