Fotografía: https://periodicolaesperanza.com
Arturo Alejandro Muñoz
Cuando la Historia cae en manos de intereses particulares, sean estos políticos o económicos, se hace imposible conocer las verdaderas tramas e hilos que produjeron –o permitieron- eventos de alta relevancia para un país, un continente, e incluso, una determinada sociedad.
El caso de Perú es emblemático, pues, además, nutrió erradamente la leyenda de haber sido liberado, independizado, por dos héroes sudamericanos, José de San Martín y Simón Bolívar, con la activa asesoría de Bernardo O’Higgins y Antonio José de Sucre, respectivamente.
Sin embargo, según algunos historiadores limeños, lo ocurrido en su país el año 1820 no fue acción hermandad la efectuada por Chile y Argentina, sino, más bien, fue una “invasión armada”, con indesmentibles objetivos económicos y de dominio del comercio en toda la región terrestre y oceánica sudamericana.
A comienzos del siglo XIX, Perú seguía siendo la joya de la corona española en Sudamérica. Lima no era una ciudad cualquiera, por el contrario, era el motor con el cual España financiaba sus asuntos y movía la economía de todo ese imperio “donde nunca se pone el sol”, incluyendo, por cierto, a sus colonias americanas, desde México a Tierra del Fuego.
Al sur del virreinato del Perú había dos naciones recientemente independizadas, Argentina y Chile, ambas movidas por una secreta, oscura y poderosa Logia llamada “Lautarina”, que consideraba peligroso en extremo la continuidad de la permanencia monárquica en Perú acechando a Buenos Aires y Santiago, conservando a la vez gran parte del tráfico comercial en el subcontinente.
Las nuevas repúblicas del cono sur necesitaban imperiosamente erradicar de Perú el poder español y asegurar la independencia de Chile y Argentina, que deseaban afianzar el crecimiento y autonomía económica, lo que era imposible con el yugo español sobre sus cabezas. Perú, la joya de la corona hispánica, debía ser liberada.
Mientras tanto, al otro lado del océano Atlántico, en Londres, la corona inglesa estudiaba minuciosamente la situación de independencia y libertad que sacudía a Sudamérica. Durante décadas, los ingleses intentaron romper el férreo monopolio del poderoso imperio español en esa zona.
Intentaron todo, incluyendo acciones de sus piratas y corsarios, pero no lo lograron. Ahora, ante la posibilidad de liberar el virreinato peruano del control hispano, los apetitos británicos volvieron a abrirse y extendieron sus esfuerzos para apoyar la independencia de la tierra de los incas…aunque para ello les era indispensable ser sagaces y sigilosos, pues Inglaterra era aliada de España en la lucha contra Napoleón Bonaparte, y eso no podía quebrarse.
Así entonces, que dos noveles repúblicas sudamericanas manifestaran la intención de unir sus fuerzas y desembarcar en Perú para derrotar a los ejércitos reales, fue sin duda el mejor de los regalos para la planificación inglesa sin poner en riesgo la alianza con España en contra de Napoleón.
Argentina y Chile, ergo, San Martín y O’Higgins, serían la mano negra con la que Londres, y su perenne necesidad de materias primas, se apropiaría no solo de parte importante del comercio, sino también de recursos naturales que su creciente industria requería con desesperación.
En el mes de agosto del año 1820, desde Valparaíso -financiada completamente por Chile- zarpa la “escuadra libertadora”. Las tropas chilenas y argentinas desembarcan en Paracas, pero no reciben el alborozo que esperaban de parte del pueblo peruano. Hay silencio, desconfianza …aún más, la enriquecida élite del Perú no comulga con la liberación e independencia, pues los ricos comerciantes y hacendados están muy a gusto y tranquilos con el dominio hispano. Una posible guerra de independencia, desataría el pavor entre la élite, la cual teme que ello origine nuevos y violentos alzamientos de indígenas, como el de Tupac Amaru II en 1780.
San Martín se percata que la guerra no será de “independencia”, sino una confrontación muy diferente…una guerra civil. Los peruanos se dividieron de inmediato; la élite y muchos campesinos se unieron a las tropas del rey, mientras que artesanos y la mayoría de los campesinos hicieron lo mismo en las tropas ‘libertadoras’.
Las batallas fueron sangrientas, peruanos contra peruanos deshilachaban el armazón del virreinato, pero no se vislumbraba un ganador claro. Sin embargo, la élite limeña decidió finalmente dar un paso clave y aceptar el plan propuesto por San Martín. En julio de 1821 ella firmó el Acta de Independencia que les propuso el general argentino, temerosa del ejército libertador y, además, carente de toda ayuda militar, ya que el virrey La Serna había abandonado Lima con sus tropas reales rumbo a la sierra. Además, en esa misma ocasión José de San Martín fue proclamado oficialmente como “Protector del Perú”.
Fue entonces que llegó Simón Bolívar desde el norte, comandando tropas veteranas en cien batallas. El Libertador encontró un Perú dividido en dos grandes facciones y con un gobierno débil.
Si bien el 28 de julio de 1821 San Martín había proclamado en Lima la independencia de Perú y asumido el título de “Protector”, la oposición a su protectorado fue inmediata y en varios frentes. Por un lado, la aristocracia peruana representada por el Marqués de Torre Tagle, y por otro, sus propias tropas formadas por argentinos y chilenos que se debían a sus países más que al Perú mismo.
Un año después, se produjo el “choque de egos” cuando Bolívar y San Martín se reúnen en Guayaquil para decidir la continuidad del proceso libertador de Perú. Era sabido que ambos héroes no sentían simpatía alguna entre ellos. Bolívar estaba sentido por la negativa de San Martín a una de sus solicitudes más urgentes: que le enviase desde Lima, a Guayaquil, al regimiento ‘Numancia’, solicitud denegada por el héroe argentino, quien solo envió dos batallones recién formados. Bolívar nunca perdonó esa ofensa.
Se desconocen las conclusiones de dicho encuentro guayaquileño, pero, significó un enfrentamiento entre los ideales antimonárquicos de Bolívar y la defensa de un status más conservador por parte de San Martín, quien pretendía instalar una monarquía constitucional para que gobernara el país con cautela y criterio. El resultado fue la retirada de escena del libertador de Chile, dejando a Bolívar todo el protagonismo en el proceso independentista peruano.
La revista INFOBAE publicó en internet un estupendo artículo sobre la reunión en Guayaquil, escrito por Adrhián Pignatelli. Disfrútelo, querido lector.
El 26 de julio (1822) al mediodía, San Martín arribó a Guayaquil. Dos ayudantes de Bolívar subieron a bordo a recibirlo. Justo enfrente del muelle estaba el edificio de la gobernación. Allí se le rindió honores militares. Acompañado por su escolta caminó cuatro cuadras hasta una casa de dos pisos donde se alojaría. En la puerta lo esperaba Bolívar, con uniforme de gala, rodeado por su estado mayor. Se adelantó con su mano extendida: “Al fin se cumplieron mis deseos de conocer y estrechar la mano del renombrado general San Martín”.
Todos subieron al primer piso a un salón acondicionado para la reunión. Luego de las presentaciones de rigor, quedaron a solas.
Cuando Bolívar se retiró, San Martín permaneció en su habitación. Por la tarde, visitó a Bolívar en su residencia.
Al día siguiente volvieron a encontrarse. Se encerraron durante cuatro horas. La posición de poder de Bolívar impidió que acordaran cuestiones políticas y estratégicas sobre lo que hoy es Ecuador; tampoco sobre cómo encarar la última etapa de la guerra y menos sobre la forma de gobierno a implementar.
Al salir, participaron de un banquete para 50 personas. “Brindo, señores, por los dos hombres más grandes de la América del Sur, el general San Martín y yo”, dijo Bolívar levantando su copa. El libertador respondió: “Por la pronta terminación de la guerra, por la organización de las nuevas Repúblicas del Continente y por la salud del Libertador”.
Más tarde, la ciudad ofreció un baile. Contrastaba la alegría de Bolívar bailando con la de San Martín con aire de preocupado. Al final le pidió a Tomás Guido: “Llame usted al coronel Soyer: ya no puedo soportar este bullicio”.
Se despidió de su anfitrión y, sin que nadie lo notara, se retiró. Fue directo al navío Macedonia y esa madrugada del 28 volvió a Lima. “La opinión que había formado del general Bolívar, es decir, una ligereza extrema, inconsecuencia en sus principios y una vanidad pueril”.
Estaba defraudado. Al parecer, Bolívar solo se mostró dispuesto a devolverle los hombres que en su momento le había enviado. San Martín demoró un mes en escribirle. Le confesaba que los resultados del encuentro no eran los que esperaba. Dijo estar convencido de no haber sido lo suficientemente sincero en su ofrecimiento de servir bajo sus órdenes o que le incomodaba su presencia.
Luego de describirle la delicada situación en el terreno de la guerra, le informó que convocaría al primer congreso del Perú y que al día siguiente se embarcaría a Chile, ya que sostenía que su presencia era un obstáculo para que entrase con su ejército en Perú. “Para mi hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo y es preciso conformarse”.
Cuando pisó el muelle de El Callao, le dieron noticias aún peores: habían logrado hacer renunciar a Monteagudo, quien debió exiliarse. Encontró que los peruanos habían tomado muy mal la anexión de Guayaquil a Colombia y muchos de sus jefes militares también estaban descontentos. Llegaron a tildarlo de cobarde.
El 20 de septiembre, ante el primer Congreso Constituyente celebrado en la Universidad de San Marcos, presentó su renuncia irrevocable. Después de que le insistieran, aceptó el título de Fundador de la Libertad del Perú. Se sintió aliviado del peso que se sacaba de encima. Le confesó a O’Higgins su intención de ir a Buenos Aires “a ver a mi chiquilla”.
A las nueve de la noche del 20 de septiembre, sorprendió a Guido: le dijo que navegaría hacia Chile. Le dolía separarse de sus camaradas y de aquellos que lo habían ayudado, pero estaba convencido de que su presencia era perjudicial para el Perú. Tanto insistía Guido en convencerlo que lo cortó: “Le diré a usted sin doblez, Bolívar y yo no cabemos en el Perú”. El 12 de octubre de 1822 llegó a Valparaíso. No volvería nunca más al Perú.
Ahora bien, es un hecho innegable que la Logia Lautarina estaba presente en muchos eventos ocurridos en Perú, y tenía control de ellos. Importantes bandos fueron firmados por el argentino Bernardo Monteagudo (el cerebro en el asesinato del coronel Manuel Rodríguez, en TilTil, Chile). Monteagudo estaba estrechamente ligado a San Martín en la organización de la expedición libertadora, fue nombrado ministro de Guerra y Marina, y posteriormente, de Gobierno y Relaciones Exteriores. En julio de 1822, mientras San Martín aún se encaminaba hacia Guayaquil para entrevistarse con Bolívar, se produjo un levantamiento en Lima en contra de Monteagudo, lo que le obligó a huir temporalmente hacia Quito. Tras su regreso a Lima, sería asesinado en 1825.
Ahora bien, Bolívar poseía un carácter tan fuerte como el de San Martín, pero, además, se dejaba arrastrar por deseos de revancha cuando alguien entorpecía sus planes. Molesto con San Martín, así como también con Chile por haber financiado la escuadra libertadora y ser leal a San Martín, decidió apoyar sin pausas el nacimiento de un nuevo país. cuyo territorio y población habían formado parte del Alto Perú. Se trata de Bolivia, a la cual, además, le asignó un vasto litoral en lo que hoy es parte del norte de Chile. No satisfecho con aquello, Bolívar informó al gobierno chileno que si no derrotaba y expulsaba a las tropas españolas que aún habitaban en la isla grande Chiloé, lo haría él con sus propias tropas, e incorporaría Chiloé al estado peruano.
En 1826, tropas chilenas al mando del general Ramón Freire, derrotaron a las fuerzas españolas e incorporaron definitivamente a Chiloé al mapa chileno.
¿El ‘americanismo’ de Bolívar era la instauración de su propia voluntad geopolítica en Sudamérica?
¿San Martín habría pretendido ser nombrado Rey Constitucional en Perú?
No hay respuestas para tales preguntas… aún.

