Por Alfredo Astorga
Lo que faltaba: ¿personas animalizadas o animales humanizados? Los THERIANS están ahora bajo los reflectores. Atraen a unos pocos. Son objeto de indiferencia, burla y desprecio de muchos.
La utilización de animales (caras, patas, colas, cachos) como símbolos no es nuevo. Existe desde hace tiempo. La cultura egipcia, las culturas ancestrales americanas y hasta las leyendas y los cuentos son una muestra. Hombres disfrazados de lobos, hienas, zorros, cuervos, águilas, felinos, serpientes. Como símbolos de poder, elementos para cultos, aditamentos para diversión.
Desde hace unos 30 años o más, nuestro mundo experimenta una nueva valoración de los animales. Valoración que han generado beneficios para las personas y para los animales (perros y gatos…). Subsisten, sin embargo, versiones animalistas extremas que los volvieron culto fanático, distorsionando la idea inicial de derechos.
Los THERIAN son seres humanos que se identifican con un animal. La identificación se da en un plano sicológico, espiritual o simbólico. Una identificación profunda, no simplemente metafórica. Esta identificación se la llama therianthropos, del griego: therian = bestia, anthopos = humano.
Los therian no creen tener un cuerpo físico de animal, pero sienten, que internamente, comparten varios rasgos con alguno de ellos… Un fenómeno social y cultural que no implica una transformación física ni la creencia de poseer un cuerpo distinto, sino una vivencia interna de identidad.
El término apareció en la década de los noventa en foros de internet sobre temas fantásticos. Los therian mantuvieron un bajo perfil, utilizando listas de correo y web previa al boom de Facebook. Al comienzo, se inscirbieron en los grupos ‘otherkin’, concepto que incluye a quienes, de alguna forma, se consideraban no humanos: elfos, ángeles y otras criaturas.
En esos espacios, algunos jóvenes compartieron experiencias que superaban la afición o juego. Mostraban prácticas como ‘shifts’ (cambios de comportamiento) o “quadrobics” (movimientos que imitan la mecánica de animales cuadrúpedos). Afirmaban sentir una disonancia entre su biología y la que percibían como su “verdadero fenotipo interior”.
La información ha pasado de grupos marginales a una audiencia ampliada y creciente, gracias a videos de TikTok o Instagram. Cuenta en la actualidad con hasthtags de miles de millones de visualizaciones. Y además, espacios en YouTube, Discord y Reddit. Otros medios convencionales también los han hecho evidentes y atrayentes.
El asunto ha tomado raíces. La noticia regada sin criterio, ha ocasionado discusiones sobre el significado e implicación social y sicológica, sobre la frontera entre expresión individual, identidad colectiva y salud mental. Las redes, sin embargo, y TikTok sobre todo, transformaron lo que para muchos se trataba de una vivencias personal, en una moda o estética, banalizando una experiencia identitaria que no es simple.
El fenómeno, hasta hoy, es minúsculo. No hay cifras oficiales pero alguna estimación no le da más que un 0.05% de la población. Sin embargo, se ha creado un espejismo en los medios y redes sociales. Son ellas, más que los mismo therians, quienes difunden y magnifican el tema.
El pánico como motor
Pero hay algo adicional y peligroso. Tendencias radicales y fanáticas de la ultraderecha, ha convertido a los therians en el enemigo. Generan burla, acoso e incluso organizan cacerías para castigarlos. Utilizan el odio contra grupos minoritarios para convertirlos en chivos expiatorios. Los culpan de destruir los valores tradicionales, igual que lo han hecho antes con otros grupos.
Patologización, ridiculización. Los therian se presentan como un trastorno mental, delirio identitario o resultado de una supuesta ingeniería cultural que estaría desdibujando la identidad humana”. Lo exhiben como expresión de los supuestos excesos en el reconocimiento de la identidad. Reafirman aquel discurso de decadencia de la sociedad moderna, de desvío de la naturaleza humana y de los designios de dios. Son utilizados para mostrar que la sociedad se está despeñando. Y así redirigen la rabia y las frustraciones hacia algo que no existe.
Por ahora vale la pena posicionar que el tema de los therians no constituye un peligro mayor. No hacen daño a nadie. Que su publicidad proviene sobre todo de campañas de redes y medios, como ha sucedido en España. Y que son utilizados con perversidad e insumo para bromas, memes y caricaturas.
Sin embargo, los therian tampoco son insignificantes. Son una expresión descarnada y dura de problemas profundos de identidad de adolescentes y jóvenes de muchas partes del mundo. De cómo se construye, con quiénes, en qué entornos, con qué estímulos.
Restan reflexiones al respecto. Y visiones de especialistas. La próxima entrega estará dedicada a explorar explicaciones que circulan y a la pertinencia o no de hablar de una efermedad mental.
(Publicado en Revista FORBES. Marzo. 2026)

