Por Juan Carlos Diez para La Voz Internacional de New York
11 de noviembre de 2025
En el salón principal del Palacio Rioja de Viña del Mar, y con la asistencia de nutrida concurrencia, se efectuó el lanzamiento del libro Voces del Agua del destacado escritor, poeta, ensayista y artista visual chileno Theodoro Elssaca.
La ceremonia estuvo rodeada de detalles que engalanaron la jornada e hicieron inolvidable el evento. El ambiente y entorno mismo, al interior del Palacio, fue un tremendo privilegio que dio realce al importante acto que se realizó con motivo del lanzamiento del citado libro.
Algunos de los hechos que destacaron fueron las propias palabras del autor declamando poesías incluidas en su libro. También lo fue la brillante participación de la cantante lírica Cecilia Toledo, quien actuó acompañada por la guitarra del músico Juan Hernández.
Capítulo aparte, fue la presentación del libro y del autor, a cargo del poeta Álvaro Inostroza Bidart, quien, textualmente, expresó:
“Voces del Agua” de Theodoro Elssaca. Una lectura desde su propia poesía.
Libro en siete capítulos. El primero, Invocaciones, nos dice que somos agua, somos del mar. Hay un movimiento interior, ojo líquido, zen-tido. Obertura al origen del mundo, incierto futuro, diáfano laberinto de agua. El poeta señala que resistimos la caída, perplejos de paraísos, a través de terrazas pluviales, en purificación de penitentes, volando hacia la abeja zumbante, siendo el camino de las hormigas.
Las saladas palabras azotan rocas y costas, rompeolas en coloquio, navegando enlutados. Se derrumba el futuro. Somos lagos que comienzan a morir. Volveremos a ser tierra, olvido, vaticina Elssaca. Desiertos del mundo que mar fueron; aullido/desamparo/huesos.
Luego, afirma y pregunta: Hielo, dejas de ser eterno ¿Qué beberán los sabios?
Rendida la tierra sin flor, no huele a perfume, hábitat del colibrí agonizante, ojos del pudú que observa sediento la desnudez de la tierra, devastada, mientras la tierra carboniza, lluvia que añora el pehuén. Padre Nuestro devuélveme el agua, la semilla.
Capítulo 2: Torrente, entre vapores translúcidos, saturados de añoranza. El poeta encuentra certeros peces imaginarios, animales de la memoria. “Despierto al megalodón embravecido… secreto narcótico para ser invisible. Prístina agua antártica, excitas el paisaje sonoro”. Salvaje continente de argonautas, áureas espirales de piedra, vigías del tiempo atrapado.
Elssaca reafirma: festejo a inéditos peces australes, animales espléndidos, igual a incitantes palabras polares. En glaciar que roza el Nirvana, susurras al viento predestinadas canciones, profusión de nubes nodrizas, furioso caudal, riberas del río Puelo. “Cuando el agua habla y pregunta, fanal de sereno lago, imágenes de la tierra se invierten. Brota el agua y aparenta sencillez, durante milenios tribus la honraron”.
El vate apura la marcha: serpentea el camino hacia las quebradas, anidan aves misteriosas. Paz y calma del halcón peregrino, cicatriz de mi alma líquida. Espejos abisales proyectan tu rostro, somos agua peregrina. Amazonas, indómito santuario de tribus perdidas, espesura tenaz de fiera y asombro. Zarpamos serpenteando río abajo, nave cargada de insomnios, voces del agua.
Capítulo 3: Mare Nostrum. Borrados pasos que hundieron su huella, memoria que nos persigue, revela el poeta. Estoy en las escaleras de piedra, peregrino de luz. Sus huellas se pierden, rompen el horizonte. Epopeya del Ramayana, homenaje a sus templos bajo el agua. Reinos marinos, enigma de ciudades sumergidas. Penetro la mar edénica, perdido entre cardúmenes. Driza que a tu piel me ata, ancla mi pasión. Concavidades, intimidad del agua.
Elssaca navega como goleta por el viento llevada, rostro de ausencia, extraviado eclipse. Aquí estoy, sin encontrar salida. Fluyen ríos estelares, espíritus fluviales que regresan. Cruzo la cascada, volver el tiempo atrás.

Cantante lírica Cecilia Toledo y poeta Theodoro Elssaca en lanzamiento libro Voces del Agua
Reflexiona: los ríos se van como las personas, nuestro Dios está muriendo. Emergió la duda geográfica, siempre lo arrastra al fondo. Diosa sumergida, liberarse de la muerte. Orillando el azul, pies de algas. Y remata en la inmensidad en olas convertida, abismo de enigma. Oleaje que besa la orilla, mueren los segundos. Marmóreo templo cincelado, brotan ninfas, peregrina devoción.
Capítulo 4: Bardo náutico. Litorina de poetas, litoral de rapsodas inmortales. Sílabas de tifón y marejada, nombre susurrado por la noche. Faroleando la cuenca contradictoria, el halcón dibuja un mapa en el cielo. Medito, dice el poeta, remanso de agua dulce, estanque inmortal. Navega solitaria el alma, canto y vuelo de aves marinas. Fábula oceánica de los poetas, bruma del alba. Aunque se ve suspendido en el aire, verso de azul infinitud.
Elssaca nos recuerda que hay viejos navegantes oceánicos, conocen el secreto de los siete mares. Cansado río de palabras vencidas, osario de estrofas perdidas. Proas mordidas por la sal, se deslizan con desnudas mascaronas. Asomarse al maremágnum homérico, lámparas de aceite marino. Por mi conciencia, dice, remolino de agua. Habito entre las costillas del barco, libertad de sueños lúcidos.
Y lanza su deseo: quiero estar donde el río suena más fuerte, resplandor de peces indómitos. Metáfora y transición de dos riberas, cruzar fronteras del latido. Penetro la mar en picada, su indiferencia/su abandono/su zarpazo. Entre estas páginas el mar se lee, sueños de niños caídos, donde se ahoga la humanidad.
Capítulo 5: Prisma. Intrigante subterráneo marino, ruedo al fondo de tu verde silencio, Circulan por nuestras venas, lejanas mareas, carrusel, la primera palabra de barro. Venero fósiles vivientes, inmutables viajeros. Relámpago de asombrosas “noctilucas”, rayo luminiscente. Floraciones de vacuolas y diatomeas, ofrendas de agua. Acaricio la superficie del agua, ofrenda. Círculo el agua en su carácter efímero, la mirada ausente.
El poeta ve la vida. Reverencio la inteligencia del pulpo, truco de sombreros. Emerges, jurásico pelícano. Ultramar secreto, animales marinos, anunciando la travesía. Cardumen, rumores de viejas preguntas. Madre celeste la mar, cielo de tragaluces, destellos. Aleta de pez, cuenca de azul y silencio. Brilla un misterio en los ojos del cetáceo, conversación submarina. Rayos, sol de profundidades, donde el latido y la luz se extinguen.
Capítulo 6: Yo mitológico. El poeta proclama: somos innumerables gotas, ansiados deshielos de primavera. Ahogas tu desnuda naturaleza, estirpe descendiente de cascadas. Aquí abajo encuentro la historia humana, ruinas utensilios olvidados. Habitando la historia del salitre, multitud de lejanas resonancias. Ríos que se derraman salvajes, escurren entre rocas horadadas.
Y agrega: Me reconozco en los animales, parecieran venir de otros mundos. Recogiendo sedimentos, blasfemos desterrados. Huyo del vulgar citadino, desciendo acantilados. Adonde vaya, conmigo llevo el mar. Yo mitológico, espérame antes del olvido. Estoy junto al acantilado, navegando a la deriva.
Cada poema es un viaje furtivo, la mar no sabrá que nos fuimos. Extraviado el humano sentido, borrada línea del horizonte. Navega la Parca por el río Leteo, agonía del sueño eterno.
Capítulo 7: Astrolabio. Caen muertas las palomas mensajeras, linterna de nostalgia. Alquímico volcán de añosa caldera, indómitos peces de fuego. Zarpó al amanecer el Orión, nostálgico de mares desconocidos. Astrolabio, escarcha la muerte los destinos.
Elssaca declara: levanto banderas de agua, esperanza que no se rompe. Río atmosférico de cúmulo y nimbo, la impredecible tormenta. Atronadores tifones, la ensenada donde recalar sus sueños. Sonoro telégrafo del agua, atrapados en fugacidad del hoy. Atardecer azota el salino, barca de los locos. ¿Qué traes a mi puerto, carcomida barcaza de los confines?
El poeta se va acercando a la orilla en goleta de quilla retráctil, mutilada libertad cautiva. Ramalazo, escucho el andar ultrajado golpeando pesadas cadenas. Sumergido bajo oleajes, vestigios y despojos. Murmullos de voces, sin dejar rastro. Se intuyen escenas beligerantes, insospechados enigmas. Migrantes de hambre y pugna, moneda de cambio. Emerge entre dos oscuros párpados, pasando de una orilla a otra, costas de las que nada sabemos.
Así, se llevó a cabo el lanzamiento en Chile del hermoso libro de Elssaca, quien ya acumula una veintena de publicaciones para deleite del público que gusta de la poesía, sus relatos y su historia.
Expresamos nuestro sentido reconocimiento por la gran obra desarrollada por Theodoro Elssaca a lo largo de tantos años de entrega de experiencias de vida que reflejan un reflexivo paso a paso, sin dejar escapar detalles que sólo él puede interpretar y que luego transfiere a sus escritos y los comparte entre nosotros.
Felicitamos a Elssaca por el tremendo aporte a las letras y a la poesía mundial.

