Por Juan Carlos Diez
Fuente: Facebook – Un sabio dijo
El futuro no se pierde por azar, se diluye con decisiones pequeñas repetidas cada día.
Si todo lo que ganas se consume sin pausa, no es mala suerte, es una elección que pasa factura con el tiempo. Vivir solo para gastar, salir o escapar del cansancio inmediato parece inofensivo, pero va cerrando puertas sin hacer ruido.
Cuando la vida gira alrededor de fiestas, borracheras y fines de semana sin rumbo, el mañana deja de importar. Y cuando el mañana no importa, tampoco se construye. Nadie despierta con estabilidad por casualidad después de años de desorden.
Muchos repiten frases cómodas para tranquilizar la conciencia. Dicen que nada se lleva uno al morir, que todo es pasajero, y no mienten. El problema aparece cuando esas ideas se usan como excusa para no pensar, no planear y no asumir responsabilidades. Conformarse con poco también es una elección.
La vida siempre ha mostrado el mismo contraste.
La hormiga trabaja, guarda y se anticipa. La cigarra se burla, canta y disfruta el instante. Mientras una construye con paciencia, la otra se distrae creyendo que el tiempo es infinito.
Pero el invierno llega sin avisar.
Y cuando llega, no pregunta quién rió más fuerte, sino quién se preparó mejor. Esa pregunta define destinos.
Cada persona debe decidir qué quiere ser.
No después, no cuando sea conveniente. Ahora. Pensar en la familia, pensar en uno mismo, es un acto de responsabilidad, no de miedo.
Mañana habrá más edad, menos energía y menos margen de error. El tiempo no retrocede para dar segundas oportunidades cómodas.
No existe la mala suerte constante.
Existen decisiones diarias que construyen o erosionan el futuro. Y el futuro no se improvisa, se prepara con conciencia, disciplina y visión personal clara, sostenida, paciente, realista, diaria, silenciosa, firme, honesta, responsable, constante, humana, consciente, equilibrada y madura…

