Redacción LVI
Bajo un sol primaveral y ante una Plaza de San Pedro colmada de fieles, el papa León XIV presidió este domingo la misa de Ramos, marcando el inicio de su primera Semana Santa desde su elección el pasado 8 de mayo. En una homilía cargada de simbolismo, el primer pontífice estadounidense lanzó un grito desesperado contra la violencia global: “¡Depongan las armas!”.
Un mensaje contra la justificación de la guerra
León XIV centró su mensaje en la figura de Jesús como el «Rey de la paz», destacando que la divinidad nunca puede ser utilizada para validar conflictos bélicos. «Dios rechaza la guerra; nadie puede utilizarlo para justificar el enfrentamiento», sentenció el Papa, subrayando que el rostro de Dios es manso y siempre rechaza la violencia.
Los puntos clave de la homilía:
- El grito de las víctimas: El Papa afirmó que en el último grito de Cristo en la cruz se escucha el gemido de quienes están oprimidos por la violencia y el dolor de cada víctima de la guerra.
- Reconciliación sin armas: Recordó el ejemplo de Jesús, quien «no se armó, no se defendió y no libró ninguna guerra», eligiendo en cambio el camino del sacrificio para derribar los muros entre el prójimo.
- El rol de los oprimidos: Hizo especial mención a los enfermos, a los que carecen de esperanza y a quienes sufren la soledad, elevando sus sufrimientos como una prioridad para la Iglesia.
En un momento de gran intensidad emocional, León XIV citó al recordado obispo italiano Tonino Bello para elevar una oración por el fin de las hostilidades. El Pontífice expresó su deseo de que los destellos de las guerras se reduzcan a «luces crepusculares» y que las lágrimas de las víctimas se sequen pronto, «como la escarcha bajo el sol de la primavera».
Con esta celebración, que incluyó la tradicional bendición de las palmas y olivos, la Iglesia Católica entra de lleno en los ritos de la Pasión, bajo la guía de un Papa que ha hecho de la diplomacia de la paz y la fraternidad humana el eje central de su inicio de pontificado.

