Arrturo Alejandro Muñoz
Pese a estar viviendo una época pletórica en descubrimientos y avances científicos, los médicos de Gran Bretaña han vuelto sus ojos e intereses hacia legendarias pócimas utilizadas desde siglos inmemoriales por pueblos andinos. Día a día la capacidad indígena para sanar algunas enfermedades va recuperando el sitial que nunca debió perder, lo que además habla muy bien –y claramente- de la inteligencia innata de algunas de nuestras etnias originarias, esas mismas que algunos ignorantes consideran ‘salvajes’.
Antonia Echenique y Manuel Fernández, profesionales egresados del antiguo Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, profesores de Historia y Geografía con maestrías y doctorados a cuesta, luego de haber ‘dado una larga torera’ (como escribió Federico García Lorca) por el mundo, dedican sus esfuerzos a la investigación de la flora andina y chilena. Desde Inglaterra nos escribe Manuel Fernández Canque:
“En realidad, estamos en Kew, distrito de Richmond, la ciudad donde el mozalbete Bernardo Riquelme (O’Higgins) pasó los mismos años equivalentes a aquellos que pasamos nosotros en el Instituto Pedagógico, estudiando en tierras lejanas. Aquí el pobre se enfermó de malaria y partió enfermo a Cádiz, en su viaje de regreso a Chile.
Cuando estaba casi moribundo le llegó la medicina: Quinina de los Andes o “cascarilla de quina”, como la llamaban los médicos aymaras que descubrieron el remedio y que cultivaban tal medicina en las cumbres cercanas al “Illimani”.
”El árbol de la quinina es el “cinchona bark”. Un día estará más completamente en mis libros porque he hecho algunas investigaciones marginales sobre la quinina andina y los médicos aymaras”.
“Curiosamente, la sociedad de naturalistas de Gran Bretaña siempre recuerda al naturalista aymara que les enseñó a los británicos el hábitat y las virtudes de las 23 especies de cascarilla que crecen en el territorio aymara, incluyendo la famosa quina Calisaya Roja que salvó muchas vidas desde 1680 en adelante. Ya recordaremos, todos, un día, al naturalista Manuel Mamani, que así se llamaba el amigo en cuestión”.
Por otra parte, Antonia Echenique, luego de décadas entregadas a la educación, dejó las letras históricas pero se ha mantenido ligada a los temas culturales y patrimoniales. De hecho, luego de hacer docencia en importantes colegios santiaguinos, haber sido subdirectora de la DIBAM (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos), y después de haber seguido a su esposo por varios lares diplomáticos y ejercer su profesión en diversos establecimientos de educación superior en Norteamérica y Europa, decidió acercarse a un escenario que había tenido subsumido: el mundo de las plantas.
Hoy, ella lucha por sacar adelante el primer Jardín Botánico dedicado a la Zona Central de Chile: se trata del Jardín Botánico Chagual (www.chagual.cl). Tal como lo hace su colega y condiscípulo Manuel Fernández, Antonia Echenique no cejará en esfuerzos para sacar adelante una tarea que nuestro país necesita y que, por cierto, el mundo científico agradece.
La recuperación de la medicina naturalista aymara, mapuche, atacameña, etc., es asunto que no soporta más dilación, pues insignes médicos y laboratoristas europeos han redescubierto las inimaginables virtudes de antiquísimas fórmulas y pócimas con las que nuestros antepasados curaban muchos de sus males, en especial aquellas pócimas utilizadas en las alturas andinas por los pueblos originarios.

