Por Araceli Aguilar Salgado
«El progreso social puede medirse por la posición que ocupan las mujeres y los trabajadores.» Karl Marx
Al cierre del año 2025, México enfrentó un panorama económico desalentador: un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de apenas 0.4%. Esta cifra, aparentemente técnica, tiene consecuencias profundas en la vida cotidiana de millones de mexicanos, especialmente de la clase trabajadora. El bajo crecimiento se tradujo en escasa generación de empleos formales y en un aumento alarmante de la informalidad laboral, fenómeno que afecta directamente la calidad de vida, la seguridad social y las posibilidades de desarrollo de la población.
Crecimiento económico insuficiente
El crecimiento económico es el motor que debería impulsar la creación de empleos y mejorar las condiciones de vida. Sin embargo, en 2025 México apenas generó 278 mil empleos formales, de los cuales más de 217 mil correspondieron a trabajadores de plataformas digitales como Uber o Didi, que ya laboraban previamente y fueron contabilizados tras una reforma laboral. En realidad, hubo una pérdida neta de 65 mil 500 empleos formales, especialmente en sectores estratégicos como la construcción y la manufactura.
Este estancamiento refleja una economía incapaz de absorber a su fuerza laboral en condiciones dignas, obligando a millones de trabajadores a buscar sustento en la informalidad.
Auge de la informalidad laboral

El informe del INEGI de noviembre de 2025 reveló que 1.6 millones de mexicanos se incorporaron a la informalidad, alcanzando un total de 33.9 millones de trabajadores en esta condición, lo que representa el 57.4% de la población ocupada.
La distribución de esta informalidad es diversa:
· 9.4 millones en el comercio informal (ambulantaje, micro negocios).
· 4.5 millones en empresas formalmente establecidas que no otorgan seguridad social.
· 3 millones en el sector agropecuario, principalmente jornaleros.
· 1.3 millones como empleados domésticos.
Este mosaico de precariedad revela que casi seis de cada diez trabajadores mexicanos carecen de contrato, seguridad social, vacaciones, pensión, aguinaldo o reparto de utilidades.
Impacto social de la precariedad
La informalidad no solo significa ausencia de derechos laborales, sino también vulnerabilidad social. Los trabajadores informales viven al día, con ingresos insuficientes para cubrir alimentación, vivienda, educación y salud. La falta de ahorro y de acceso a servicios médicos coloca a las familias en riesgo constante ante cualquier eventualidad.
La paradoja es evidente: millones de mexicanos trabajan jornadas superiores a las 10 horas diarias, contribuyen a la riqueza nacional, pero no reciben garantías mínimas para una vida digna. La fuerza laboral está desaprovechada, pues en lugar de impulsar el desarrollo económico, se encuentra atrapada en la precariedad.

Comparaciones internacionales y retos estructurales
La magnitud del problema se aprecia al comparar: el número de trabajadores informales en México equivale al total de empleos formales en Inglaterra, la sexta economía mundial. Esta comparación evidencia el rezago estructural del país y la necesidad urgente de políticas públicas que fortalezcan la formalización del empleo, impulsen la productividad y garanticen derechos laborales universales.
La situación económica mexicana no puede analizarse únicamente en términos de cifras macroeconómicas; debe entenderse como un fenómeno social que afecta directamente la dignidad y el bienestar de millones de personas.
Urgencia de transformar la estructura laboral
La crisis laboral que atraviesa México es el reflejo de un modelo económico que ha sido incapaz de garantizar empleo digno para la mayoría de su población. El crecimiento económico insuficiente y el aumento de la informalidad han colocado a la clase trabajadora en una situación de vulnerabilidad extrema.
La justicia social exige políticas que promuevan la formalización del empleo, fortalezcan la seguridad social y redistribuyan los beneficios del crecimiento económico. No basta con contabilizar cifras: se requiere transformar la estructura laboral para que el trabajo deje de ser sinónimo de precariedad y se convierta en garantía de bienestar.
«El trabajo es la fuente de toda riqueza y cultura, y debe ser reconocido como el fundamento de la dignidad humana.» Friedrich Engels
Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero E-mail periodistaaaguilar@gmail.com

