
El Jubileo de 2025 se presenta como un evento extraordinario que tocará a millones de fieles en el mundo. En este contexto el Jubileo de Gobiernos 2025 buscó fomentar la colaboración entre líderes políticos de todo el mundo, formuladores de políticas y diplomáticos centrando la atención en la paz, la justicia social y la responsabilidad política desde la fe cristiana, renovando la esperanza y la reconciliación para un mundo mejor. Ha sido una oportunidad para reafirmar el valor del servicio público como vocación cívica y humana.
Sin duda, una jornada histórica con la asistencia de parlamentarios de más de 60 países, ocasión en la que el Papa León XIV resaltó que una política ejercida con honestidad y compromiso con el bien común puede convertirse en un motor esencial para la paz.
El pontífice compartió tres reflexiones que considera importantes en el contexto cultural actual:
1.- El bien común y la justicia social. La primera se refiere a su responsabilidad de promover y proteger, independientemente de cualquier interés particular, el bien de la comunidad, el bien común, defendiendo especialmente a los vulnerables y marginados.
“Esto significa, por ejemplo, trabajar para superar la inaceptable desproporción entre la inmensa riqueza concentrada en manos de unos pocos y la pobreza de tantas personas en el mundo.”
«Aquellos que viven en condiciones extremas -observó- claman para que se escuche su voz, y a menudo no encuentran oídos dispuestos a oír su súplica». En tal sentido, precisó que este desequilibrio genera situaciones de injusticia persistente, que fácilmente conducen a la violencia y, tarde o temprano, a la tragedia de la guerra. La política sana, en cambio, al promover una distribución equitativa de los recursos, explicó el Santo Padre, puede ofrecer un servicio eficaz a la armonía y a la paz, tanto a nivel nacional como internacional.
2.- Libertad religiosa y ley natural. Este ámbito ha adquirido mayor importancia en el tiempo actual, y la vida política puede lograr mucho favoreciendo las condiciones para que exista una auténtica libertad religiosa y se desarrolle un encuentro respetuoso y constructivo entre las diferentes comunidades religiosas
“La creencia en Dios, con los valores positivos que de ella se derivan, es una inmensa fuente de bondad y verdad para la vida de las personas y de las comunidades.”
La ley natural como punto de referencia esencial constituye la brújula que nos orienta en la legislación y en la acción, especialmente en las delicadas y apremiantes cuestiones éticas que, hoy más que en el pasado, afectan al ámbito de la vida personal y privada.
“A este respecto, un punto de referencia esencial es la ley natural, escrita no por manos humanas, sino reconocida como válida en todos los tiempos y lugares, y que encuentra su argumento más plausible y convincente en la propia naturaleza.”
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada y proclamada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, forma parte hoy del patrimonio cultural de la humanidad. Ese texto, siempre actual, puede contribuir en gran medida a situar a la persona humana, en su integridad inviolable, en el centro de la búsqueda de la verdad, devolviendo así la dignidad a quienes no se sienten respetados en lo más íntimo de su ser y en los principios dictados por su conciencia.
3.- Inteligencia artificial y dignidad humana. El grado de civilización alcanzado en nuestro mundo y los objetivos a los que están llamados a responder encuentran hoy un gran desafío en la inteligencia artificial. Se trata de un desarrollo que sin duda será de gran ayuda para la sociedad, siempre y cuando su uso no afecte a la identidad y la dignidad de la persona humana y sus libertades fundamentales. En particular, no hay que olvidar que la inteligencia artificial tiene su función en ser un instrumento para el bien del ser humano, no para degradarlo, ni para definir su derrota y sustituirlo. Se perfila, por tanto, un reto considerable, que requiere mucha atención y una mirada previsora hacia el futuro, para proyectar, incluso en el contexto de nuevos escenarios, estilos de vida sanos, justos y seguros, sobre todo en beneficio de las generaciones más jóvenes.
El pontífice cerró su alocución ofreciendo la mediación del Vaticano para ayudar a resolver conflictos y promover la paz a nivel global. Hizo un llamado a los líderes políticos a reunirse y dialogar para encontrar soluciones pacíficas y evitar más sufrimiento.
