
Alfredo Astorga
Formación: Pedagogía e innovación educativa. Educador y asesor de políticas educativas. Especialista regional de UNESCO Chile. Gestor proyectos educación-desarrollo: Honduras, Guatemala, Colombia. Articulista de varios medios de comunicación
Ecuador y Colombia viven un momento de tensión. Una guerra de aranceles se ha desatado entre pueblos hermanos. Posiciones cerradas, denuncias y diálogos infructuosos.
Hace pocas semanas, y sin claridad sobre las causas, se destapó un conflicto entre dos países vecinos hermanados por miles de nexos de la historia y del presente. Los aranceles subieron en un 30% para las exportaciones de los dos países. Ecuador desató el incremento y Colombia lo equilibró como respuesta.
Desde Ecuador, los analistas situaron la causa del conflicto en la declaración que el presidente Gustavo Petro hiciera sobre presos políticos en su país vecino. La misma fue calificada como intromisión en asuntos internos, imprudente y falsa. Sin mediar diálogo o reclamo formal previo, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, impuso unilateralmente y sorprendiendo a todos -propios y extraños- el alza de aranceles. Todo lucía como una reacción desmesurada.
El argumento ecuatoriano fue la falta de compromiso de Colombia en la lucha contra el narco en su frontera sur. La presencia de grupos narco y disidencias de las FARC, ligadas a este negocio, habrían aumentado peligrosamente en los últimos meses. Los cultivos de coca, lejos de disminuir, más bien han aumentado. En 2021 en un 43.1% y en 2023 9.8% del total nacional. En 2023 Colombia registró 252.575 hectáreas de cultivo, la cifra más alta de su historia reciente. Las zonas de frontera con Ecuador son las más afectadas
El esfuerzo de Ecuador en esta lucha, según las versionas oficiales, no ha tenido su correlato y reciprocidad en el lado colombiano. Ecuador, estaría librando esta batalla solo y no se alcanza. El argumento obligó a cambiar incluso la terminología de la medida. Ecuador empezó a hablar de una tasa de seguridad, no de aranceles. Y de que el dinero que pueda obtenerse iba a ser invertido justamente en gastos de seguridad, que son altos y crecientes.
Una aclaración importante. La balanza comercial es negativa para el Ecuador por lo menos desde 2016. En noviembre de 2025, el déficit superó los $921 millones de dólares. Esto ubica los perjuicios de la. medida sobre todo en el lado colombiano. Solo temporalmente. Después, todos serán perjudicados. La inversión, el empleo, la elevación de precios, marcarán a los dos países.
Vale la pena mencionar que, entre las medidas, hay particularmente dos, sumamente lesivas y sensibles. La primera proveniente de Ecuador que incrementa el transporte de petróleo colombiano en casi 900%. Y la segunda, originada en Colombia que suspende la venta de energía eléctrica, insumo esencial con que Ecuador ha enfrentado los apagones sufridos hace más de un año.
Colombia y su presidente no insistieron más en el tema de presos políticos, bajaron el tono del enfrentamiento, buscaron una mediación de Estados Unidos y abrieron el espacio para encuentros bilaterales. Ecuador mantuvo la rigidez, innecesaria según muchos. Desestimó una reunión de presidentes con ocasión del Foro Económico Internacional realizado en Panamá. Le bajó el perfil al contacta que mantuvieron los Cancilleres de los dos países durante el mismo encuentro.
Colombia insistió en sus acercamientos y Ecuador en su mano dura. Una reunión urgente de alto nivel realizada el 6 de febrero en Quito con los cancilleres y ministros de defensa terminó en fracaso. Colombia negó la acusación de desatención a su frontera y anunció una denuncia en la Comunidad Andina de Naciones (CAN) contra Ecuador.
Se confirmaron las intenciones de subir los aranceles (Ecuador los había subido el 1ro. de febrero). Ecuador presentaría también ante la CAN reclamos por incumplimientos de Colombia… Este organismo, dadas las experiencias históricas, normalmente demora meses para un pronunciamiento y no suele pasar de sanciones con valor más bien moral: llamamientos, exhortos, pedidos de rectificación, sugerencias de políticas.
Balance y perspectivas
Hasta ahora, el saldo del enfrentamiento es negativo para todos los actores: empresas, comerciantes, consumidores, países. El único beneficiario, contradictoriamente, es el crimen organizado que pretenden combatir. Cuanto más desorden y división exista en los países, más fáciles le resultan la producción y el tránsito de sustancias prohibidas.
El refuerzo y la coordinación de la lucha contra el narco sigue vigente. Ojalá de este conflicto surjan acuerdos concretos y mecanismos de seguimiento. El enemigo común no permite distracciones. Y si el enemigo actúa a nivel regional, resulta imprescindible hacerle frente también en esa dimensión. El asunto dejó de ser problema de un solo país. En este sentido se espera mucho del apoyo que pueda brindar Estados Unidos.
Aunque el conflicto parece escalar, reiteramos que es hora de la reconciliación. Países hermanos precisan sumar fuerzas, presentar un frente sólido y unido. Los hechos que nos unen son infinitamente más fuertes que los que nos separan.

