Redacción LVI
Fuente: Facebook – Signos del Cosmos
Un fenómeno que despierta fascinación… y temor silencioso
En la tarde del 19 de enero de 2026, los observadores del clima espacial elevaron la alarma: el Sol, nuestra estrella cercana y aparentemente familiar, liberó una de las tormentas de radiación más poderosas jamás registradas en las últimas dos décadas. Según el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA, el evento fue clasificado como una tormenta de radiación solar de nivel S4, lo que no se veía desde octubre de 2003.
Esta no es una noticia cualquiera sobre actividad solar: es una ola de partículas cargadas de alta energía arrojadas hacia el espacio, viajando millones de kilómetros por segundo, directamente hacia nosotros. La explosión se originó en una llamarada solar de clase X —las más intensas que el Sol puede producir— y fue acompañada por una potente eyección de masa coronal (CME).
¿Qué es una tormenta de radiación solar?
Para entender la magnitud de esto, imagina al Sol no como un simple astro brillante, sino como un corazón palpitante de energía salvaje. A veces su superficie, furiosa y activa, expulsa masas gigantes de plasma y partículas energéticas —protones, electrones y núcleos atómicos— a velocidades increíbles. Cuando esas partículas atraviesan el espacio y se encuentran con nuestro campo magnético, desatan lo que los científicos llaman tormentas solares.
Hay varias clasificaciones:
Las llamaradas solares (que liberan radiación X y UV)
Las eyecciones de masa coronal (CME) (nubes de partículas y campo magnético)
Las tormentas de radiación solar propiamente dichas (nubes de protones de alta energía que llegan primero)
La S4 severa que estamos viendo significa que la radiación que llega a la Tierra es fuerte y puede causar perturbaciones significativas en tecnología sensible.
¿Por qué ahora?
El Sol sigue un ciclo aproximado de 11 años de actividad creciente y decreciente, llamado ciclo solar. Estamos actualmente en un período de actividad alta, donde tensión magnética y «manchas solares» aparecen con frecuencia en su superficie.
Pero lo inquietante es que esta tormenta no es un evento aislado, sino parte de un patrón más amplio: desde 2024–2025, regiones activas del Sol han estado produciendo llamaradas inusualmente poderosas, algunas alcanzando clases X7, X8 e incluso X12 en algunos eventos.
Ese Sol “desatado” ahora nos envía ondas de energía directa, partículas que no solo interactúan con la atmósfera superior, sino que rompen silenciosamente barreras invisibles de nuestra tecnología.
¿Qué puede pasar aquí en la Tierra?
La NOAA y centros de predicción espacial han señalado que no será un riesgo directo para tu salud física si te encuentras en tierra firme. Sin embargo, los efectos tecnológicos y energéticos pueden ser relevantes y misteriosamente perturbadores:
Tecnología y comunicaciones
Interferencias o apagones temporales en GPS y navegación por satélite.
Cortes de radio de alta frecuencia, especialmente cerca de los polos.
Posibles dificultades en comunicaciones aeronáuticas, sobre todo en rutas polares o de baja señal.
Satélites y espacial
Aumenta el riesgo de daños en satélites, ya que la radiación puede interferir en sus sistemas electrónicos.
Los astronautas en la Estación Espacial Internacional o en misiones orbitales aumentarían su exposición, por lo que las agencias podrían requerir que cambien de posición para mayor protección.
Redes eléctricas y energía
En eventos similares del pasado, como la tormenta de octubre de 2003, hubo apagones parciales en Suecia y daños en transformadores en Sudáfrica. Si una tormenta similar volviera con mayor intensidad, redes eléctricas modernas altamente interconectadas podrían enfrentar sobrecargas o interrupciones mayores.
Auroras en lugares impensados
Como contrapartida visual, uno de los efectos más hermosos y espectaculares es que las auroras boreales y australes pueden extenderse hacia latitudes mucho más bajas de lo habitual, iluminando el cielo con cortinas de luz coloridas incluso en lugares donde nunca se ven normalmente.
¿Podría esto ser el comienzo de algo aún mayor?
Aquí es donde la historia toma un giro inquietante para quienes gustan pensar más allá de lo convencional.
Sabemos por registros históricos y paleoclimáticos que eventos solares mucho más extremos —como el Carrington Event de 1859, el mayor registrado— produjeron auroras visibles hasta en latitudes tropicales y causaron fallos masivos en telégrafos, el sistema de comunicaciones más avanzado de la época.
Imagina eso hoy:
satélites inutilizados,
GPS colapsado,
comunicaciones globales interrumpidas,
sistemas financieros desconectados,
redes eléctricas bajo estrés extremo…
La verdad es que nadie puede descartar completamente que una tormenta solar del tipo Carrington no vuelva a ocurrir durante este ciclo solar activo. Nuestra dependencia crítica de la tecnología hace que un episodio así sea potencialmente mucho más disruptivo, aunque sigamos vivos y saludables físicamente.
Hay quienes miran estos fenómenos con ojos curiosos y preguntas en el corazón:
¿Podría este aumento de actividad solar ser solo un preludio? ¿Estamos al borde de un capítulo energético en el que la Tierra y su tecnología serán retados como nunca antes?
Mientras las auroras bailan más al sur y los satélites ajustan sus trayectorias, el Sol nos recuerda con un rugido silencioso que es una estrella viva, impredecible, y todavía capaz de dejarnos sin narrativas cómodas si así lo decide.

