Dr. Demetrio Castillo Jaimes
Doctor en Educación |Especialista en Neuroeducación | Neurociencia aplicada al aprendizaje y la transformación integral del ser humano | Educar con el corazón y la mente.
Nuestros ancestros no tiraban las vísceras. De hecho, cuando cazaban, el hígado era lo primero que se comía el líder de la tribu (o se le daba a las mujeres embarazadas). El músculo (filete) se lo daban a los perros. Ellos sabían por instinto lo que nosotros hemos olvidado por «asco»: El hígado es el superalimento más denso del planeta.
Compara esto con tu multivitamínico de farmacia:
Vitamina A (Retinol): En las plantas (zanahoria) hay betacarotenos, que son precursores. Tu cuerpo tiene que trabajar duro para convertirlos en Retinol. Muchas personas genéticamente no pueden hacer esa conversión bien. El hígado te da Retinol puro, listo para usar en tu piel y ojos.
Complejo B: Es la fuente natural más potente de B12 (energía), Folato (ADN) y Riboflavina.
Cobre Bioidéntico: Vital para que el hierro funcione y no te oxides.
La industria te vende vitaminas sintéticas hechas de petróleo y alquitrán de hulla (sí, lee sobre la fabricación de vitaminas B sintéticas). Tu cuerpo apenas las reconoce. El hígado ofrece estos nutrientes en una matriz biológica perfecta, con los cofactores exactos (enzimas y péptidos) para que se absorban al 100%.
¿Te da asco el sabor y la textura? Lo entiendo. Es fuerte, metálico y mineral. Pero no necesitas comerlo encebollado como tu abuela. En 2026, la solución es el Hígado Desecado (Freeze-Dried) en cápsulas. Sin sabor, pero con toda la potencia. Es la «pastilla prenatal» de la naturaleza y el secreto mejor guardado para la fatiga crónica.
Cómo consumirlo:
Opciones para los sensibles:
Cápsulas: Busca ‘Grass-Fed Beef Liver’ (de pasto, sin hormonas, ya que el hígado filtra toxinas y quieres uno limpio).
Fuente: Self Nutrition Data / Journal of Nutrition and Metabolism. «Bioavailability of nutrients in organ meats».

