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Consejos básicos para visitas de padres con custodia compartida

Vie 14 de Nov de 2025
in Salud Mental
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Por Dra. Luz Towns-Miranda

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Cuando el divorcio es inevitable, es fundamental que los padres protejan el bienestar de sus hijos. Deben hacer todo lo posible para minimizar el impacto negativo que el divorcio podría tener y evitar involucrar a los niños en los conflictos de los adultos.

Uno de los asuntos que suelen generar discordia y altercados es el régimen de visitas – cuando un menor debe alternar su tiempo (generalmente los fines de semana) entre dos viviendas: la del progenitor con derecho de custodia y la del progenitor sin custodia. He aquí algunos aspectos básicos para asegurar que las visitas no se conviertan en una pesadilla para los niños y causen traumas que podrían durar toda la vida.

En primer lugar, es fundamental que los padres, tengan la custodia o no, nunca interroguen a los niños sobre lo que ocurre durante las visitas, ni les pidan guardar secretos. Los adultos deben establecer el nivel de contacto que pueden tener entre ellos mismos, según las circunstancias del divorcio.

Los divorcios pueden ser amistosos, pero también pueden ser muy conflictivos, hasta el punto de que los padres a veces solo pueden tener contacto limitado. En casos de alta tensión con antecedentes de violencia, el contacto sólo puede darse por mensaje de texto, sobre temas específicos e incluso dentro de los límites de una orden de protección o un cuartel de policía. En resumen: los adultos deben encontrar una manera segura y eficaz de comunicarse sobre las visitas y nunca utilizar a sus hijos como mensajeros.

Los niños son muy sensibles a las relaciones y presionarlos para comprometer o manipular su lealtad les genera mucha presión y ansiedad. Para que las visitas se alejen de tensiones y altercados, la previsibilidad y la constancia son esenciales. Los padres no deben jugar con el horario de visitas y deben de presentarse puntualmente para recoger y dejar a sus hijos.

Si un progenitor llega tarde o no puede acudir, debe avisar al otro en cuanto lo sepa, ya que una de las cosas más dolorosas para un niño es quedarse esperando. Los padres poco fiables y ausentes pueden provocar que los niños se sientan desamados, despreciados, engañados y decepcionados. Esto puede generar resentimiento y desconfianza que, si se prolongan, podrían provocar que los niños teman las visitas y desarrollen problemas de confianza, autoestima y ansiedad que les afectarán de por vida.

Otro problema con los fines de semana alternos es que a menudo existen normas diferentes en cada hogar. Por ejemplo, el progenitor que no tiene la custodia podría sentir que debe compensar su ausencia y, por lo tanto, ser demasiado permisivo, permitiendo que los niños hagan lo que quieran. Algunos padres incluso les dicen a sus hijos que “no tienen que escuchar” al otro progenitor, lo que dificulta y confunde mucho la transición entre hogares. Es muy recomendable que los niños tengan estructuras y rutinas iguales o similares en ambos hogares.

En una situación ideal, ambos padres deben ponerse de acuerdo sobre lo que proporcionarán en cada hogar para que el niño tenga suficiente y no tenga que trasladar constantemente objetos de un lado a otro, incluyendo ropa y artículos importantes para el menor. Los padres considerados crean hogares similares a los que tenían cuando vivían juntos, para que el niño no sienta que se trata de dos entornos totalmente diferentes. El objetivo es que el niño sienta que tiene un segundo hogar o “dos hogares” similares y comparables.

La situación se complica cuando uno o ambos progenitores se casan, y el niño con custodia compartida tiene que lidiar con otros hermanos de un segundo matrimonio o hermanastros de una familia reconstituida. En estos casos, los niños tendrán que gestionar muchas más responsabilidades y el reto para los padres es entonces asegurarse de que el niño se sienta igual de importante y querido, independientemente de la presencia constante de los progenitores con o sin derechos de custodia.

La Dra. Luz Towns-Miranda es psicóloga clínica con práctica en la Ciudad de Nueva York.

Fuente: Javier E. Gómez

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