Juan Carlos Diez
Fuente: Facebook – Universo Sorprendente
Durante más de tres mil años, desde los rituales sagrados de los mayas hasta los salones de la realeza europea, el chocolate se bebía, pero no se comía. Era un líquido espeso, lujoso y reservado para quienes podían tomarlo, pero intentar consumirlo en su estado sólido era una experiencia desagradable.
La textura era arenosa y dejaba una capa de grasa en el paladar que nadie disfrutaba. Sin embargo, en 1847, en una fábrica de Bristol, Inglaterra, la historia de la gastronomía dwl cacao cambiaría gracias a una idea que, en su momento, pareció ridícula.
El cambio comenzó irónicamente con un «problema» de residuos que se originaban del cacao. Años antes, el químico Van Houten había inventado una prensa hidráulica capaz de separar el grano de cacao en dos componentes. Uno era un polvo fino, perfecto para hacer bebidas suaves, y el segundo era una manteca de cacao amarillenta y pesada.
Para la inmensa mayoría de los fabricantes de la época, esa grasa sobrante era un desperdicio industrial que se tiraba a la basura, se vendía a farmacéuticos o se malvendía. Nadie quería esa grasa, era un desecho del negocio del cacao.
Fue entonces cuando la firma familiar J.S. Fry & Sons, liderada en ese momento por Francis Fry (hijo del fundador Joseph Fry), decidió cambiar la lógica de aquellos desechos. Mientras todos se esforzaban por eliminar la grasa para obtener un polvo más puro, los Fry se hicieron una pregunta contraintuitiva: ¿Qué pasaría si volviéramos a añadir esa grasa, pero en proporciones exactas? Parecía una locura utilizar lo que otros consideraban basura como ingrediente principal, pero la química les daría un resultado sorprendente.
Al mezclar la manteca de cacao derretida con azúcar y licor de cacao, descubrieron que la sustancia resultante no solo mantenía su forma al enfriarse, sino que adquiría una textura brillante y suave.
Al partirla, la barra hacía un crujido limpio y perfecto, y al ponerla en la boca, se derretía suavemente gracias a que el punto de fusión de la manteca de cacao era casi idéntico a la temperatura corporal humana. Con ese resultado, habían creado el primer chocolate sólido moderno.
Lo bautizaron como «Chocolat Delicieux à Manger» (Chocolate delicioso para comer). De repente, el chocolate dejó de requerir una taza, agua caliente y tiempo de preparación. Se convirtió en algo portátil y personal. Aquella innovación no solo salvó toneladas de «desperdicio» industrial, sino que transformó una bebida que pocos tomaban, en el aperitivo más popular del planeta.
Hoy, cada vez que escuchas el crujido de una barra de chocolate al romperse, estás siendo testigo de aquel momento en 1847 en que una familia de Bristol decidió que la basura de unos podía ser el tesoro de todos.
Fuente: Museos de Bristol: Documentación sobre Francis Fry y la transición de la bebida a la barra sólida en la fábrica de Union Street. La información aquí presentada tiene fines meramente informativos, educativos y de entretenimiento.

