Juan Carlos Diez
Fuente: Facebook – Animales queridos
¿Qué pasaría si tu metabolismo fuera tan violentamente rápido que una noche sin comer pudiera ser peligrosa?
Esa es la realidad del colibrí. Y su solución es tan extrema que parece ciencia ficción.
Durante el día, un colibrí es pura combustión viviente. Su corazón puede llegar a latir 1,200 veces por minuto. Su temperatura corporal alcanza 40°C. Puede consumir enormes volúmenes de néctar, en algunos casos comparable a su peso corporal o más, solo para mantenerse vivo. Es como si un humano necesitara comer más de 150,000 calorías cada 24 horas.
Pero aquí está el problema: los colibríes casi no pueden alimentarse de noche; en la oscuridad, el acceso al néctar es mínimo. Y con ese metabolismo incendiario, pasar la noche sin una estrategia especial podría ser letal.
Entonces, cada noche, hacen algo extraordinario: entran en torpor.
No es sueño normal. Es una «mini-hibernación» nocturna, un apagado metabólico controlado que desafía todo lo que esperamos de aves de sangre caliente.
Cuando el sol se pone, el colibrí encuentra una rama protegida, se aferra con sus diminutas garras, y comienza a apagarse. Su temperatura corporal puede caer de 40°C hasta aproximadamente 18-20°C (dependiendo de la especie y condiciones). Su corazón se desacelera de más de 1,000 latidos por minuto a apenas 50. Y su respiración se vuelve casi imperceptible.
En este estado, parecen muertos. Si los tocas, apenas reaccionan. Están inertes. Su consumo metabólico puede caer entre 60-90%, y en casos extremos, incluso más. Es la diferencia entre quemar una hoguera y mantener una brasa.
Y antes del amanecer, ocurre el milagro inverso: resurrección metabólica. Su cuerpo comienza a «encenderse» gradualmente. Los músculos tiemblan violentamente generando calor. La temperatura sube. El corazón acelera. Y la respiración se normaliza.
Cuando el sol aparece, el colibrí está listo para volar nuevamente. Vivo. Hambriento. Incandescente.
Pocos vertebrados hacen esto de forma tan extrema y tan frecuente. Los osos hibernan meses. Los colibríes entran en torpor casi todas las noches cuando las condiciones lo requieren. Es un ciclo de apagado y encendido que se repite constantemente.
Y lo hacen porque el precio de volar como lo hacen, suspendidos en el aire, moviéndose en cualquier dirección, batiendo alas decenas de veces por segundo (y en algunas especies, más de 100), es un metabolismo tan feroz que solo esta estrategia extrema puede mantenerlos vivos.

