Arturo Alejandro Muñoz
En su obra “El 18 de brumario de Luis Bonaparte”, 1852, Karl Marx escribió: <<La historia se repite dos veces; primero como tragedia, y después como farsa>>. Eso es lo que está ocurriendo hoy día con la pataleta de Donald Trump por el cable submarino que conectaría a Valparaíso con Hong Kong (el cable oceánico más largo del mundo: 20.000 kilómetros).
El gobernante del imperio del norte no acepta que un país tenga relaciones comerciales con aquellas naciones que son sus más fuertes competidoras y, además, poseen armas nucleares, como es el caso de China.
Ahora, el golpe del mazo imperial ha caído sobre Chile. Y no es la primera vez, ya que hace dos siglos la situación que provocó esa desquiciada respuesta informada al mundo por el cubano míster Rubio, el país andino la había experimentado cuando aún era colonia del reino español.
En esos lejanos años, España prohibía a sus colonias americanas negociar directamente con otros reinos, e incluso entre ellas, ya que solo podían hacerlo a través de la mediación de España. Es decir, si Chile quería venderle cualquiera de sus productos a Alemania, a Inglaterra o a los EEUU, tenía que venderlo a España (por un precio bajo, obviamente), y Madrid lo revendía a esas naciones a un precio superior, por supuesto).
Ello explotó finalmente a comienzos del siglo diecinueve. Aprovechando la invasión napoleónica a España, y la huida del rey Fernando VII, Chile prometió seguir sirviendo a ese rey, y no a las autoridades francesas instaladas en Madrid, pero exigió a España “libertad de comercio ad aeternum”. De ello trató principalmente el Cabildo de aquel histórico 18 de septiembre de 1810. Libertad de comercio. Años después llegaría el grito de independencia.
Dos siglos más tarde, otro imperio, el estadounidense, repite lo anterior. Y esta vez, al igual que en 1810, lo hace no solo por ambición comercial, sino, principalmente, porque al igual que el monarca español se considera dueño del quehacer y del futuro de nuestra nación. Una tragedia convertida en farsa, y una farsa que es a la vez una posible tragedia para ese imperio.
La tragedia fue para el monarca hispánico y para su imperio, ya que las colonias americanas defendieron con uñas y dientes la mentada libertad… en especial la de comercio… y se independizaron.
¿Podrá ocurrirle algo similar a la actual “farsa” trumpista? En 1810 se consideraba punto menos que imposible liberarse del yugo hispánico… y se pudo. Pero Trump no sabe ni conoce la Historia de Hispanoamérica, y los ultra derechistas de Pelotillehue tampoco saben. Conveniente es recordarles a estos últimos que en 1810 muchos terratenientes y enriquecidos comerciantes se oponían a la libertad y a la independencia de nuestro país, pero una vez conseguida esta, fueron los primeros en subirse al carro de la victoria.
¿Se dan cuenta de cómo tragedia y farsa pueden volver a repetirse?

