Arturo Alejandro Muñoz
En el hermoso balneario brasileño de Buzios hay una pequeña esfinge dedicada a Brigitte Bardot, la icónica actriz y cantante francesa que, prácticamente, ‘descubrió’ ese lugar que hoy recibe miles de turistas cada año.
Lo anterior era algo muy propio de Brigitte (la inolvidable BB), quien fue pionera en muchos asuntos que iban más allá de la cinematografía, los escenarios y los flashes. Desde joven incendió las pantallas y écrans de miles de salas de cine en el mundo con sus actuaciones audaces e irreverentes, en una época donde aún tenían mucho peso las censuras eclesiásticas y las opiniones de deslavadas autoridades políticas y comunicacionales.
Fue una estrella total, una musa que millones de hombres deseaban tenerla entre sus brazos. Los mejores directores de Europa, en esos años, condujeron sus actuaciones en el cine. Henry-George Cluzot, Jean Luc Goddard, Louis Malle, Roger Vadim, Michel Deville, entre otros.
Sus amores fueron muchos y variopintos. Roger Vadim, Jean Paul Belmondo, Jacques Charrier, Alain Delon…los más destacados. Siempre demostró estar dispuesta a vivir su vida como se le antojara, despreciando las opiniones de los demás…en eso, fue auténtica y sólida.
No crea usted, estimado lector, que Brigitte destacó solamente por su audacia e irreverencia erótica como en el film “Si Don Juan fuese mujer”, junto a Jane Birkin, que escandalizó incluso a Hollywood. No señor, nada de eso. Mire, lea usted lo siguiente: ‘La verdad’ es la cinta que el director francés Henri-Georges Cluzot estrenó en 1960 y que ganó el Globo de Oro a Mejor Película Extranjera ese mismo año.
Ahí, Bardot interpretó a Dominique Marceau, una mujer acusada del asesinato de un músico recién salido del Conservatorio, y por el que recibió el premio del cine italiano David di Donatello a Mejor Actriz.
Actuó en medio centenar de películas, y una de las últimas fue la comedia ¡Viva María!dirigida por Louis Malle el año 1965. Se trataba de un western que se situaba en 1910, y contaba la historia de dos mujeres, ambas llamadas María (Brigitte y Jeanne Moreau), que bailaban en locales nocturnos, hasta que una de ellas se enamora de un revolucionario e, incluso, participa de una revuelta campesina en plena revolución villista de aquel México inolvidable.
Lo que a continuación usted leerá, no ha sido verificado, aunque la leyenda y el mito aseguran que así fue. Dicen que, precisamente, mientras filmaba ¡Viva María!, Brigitte decidió abandonar el cine y la fama, yendo a refugiarse en la intimidad de su posesión que se alza en Saint-Tropez.
Desde allí retomó con fuerza y decisión su lucha en favor y defensa del mundo animal, a quien ella considera más valioso que la misma sociedad humana. Nunca vaciló ni cejó en esa lucha. Como tampoco dudó en oponerse abiertamente a la migración afro-musulmana que comenzaba a llegar masivamente a tierras francesas… y con ello, definió también su posición política, acercándose a una ultraderecha nacionalista que, en ese momento, lideraba Marine Le Pen.
Ninguna crítica a sus decisiones, por fuertes o macabras e insolentes que hubiesen sido, le restó fuerza ni logró hacerla callar cuando opinar, como ella lo hacía, era políticamente incorrecto. Sin embargo, se adelantó varias décadas a la realidad que hoy vive dolorosamente Europa ante el silencioso ataque del islamismo.
¿Qué decía Brigitte Bardot en esos años, que tanto ajizaron y enfurecieron a progresistas e izquierdista a lo largo del planeta, y muy especialmente a la izquierda en la tierra de Bonaparte y Robespierre, y que ahora, 20 años después, le dan en gran medida la razón? Helas aquí:
-«Estoy harta de estar bajo el pulgar de esta población que nos está destruyendo, destruyendo nuestro país al imponer sus actos. No quiero morir como musulmana en una Francia islamizada. El ritual y sacrificio (halal) de corderos es crueldad.»
-«No quiero morir como musulmana en una Francia islamizada».
-«Mi país, Francia, mi patria, mi tierra está invadida por una superpoblación de extranjeros, especialmente musulmanes.» Francia la multó con 30.000 francos por decir la verdad. Era muy suya pero fue como Oriana Fallaci una de las celebridades que vio hace más de un cuarto de siglo la amenaza de la invasión musulmana de Francia y Europa y tuvo el coraje de denunciarla.
– “El feminismo no es lo mío, me gustan los hombres. No se puede amar a los hombres y a la vez atacarlos sin piedad”
– Brigitte Bardot acumuló seis condenas por ‘incitación al odio racial’ en sus últimos años por su oposición al reemplazo de la población francesa. En 1999 denunció lo que calificó como una «invasión» de Francia por extranjeros, especialmente musulmanes, una campaña que mantuvo durante la década de 2000 pese a las reiteradas sanciones. En su libro ‘Un cri dans le silence’ (2003) arremetió contra musulmanes, homosexuales, desempleados, inmigrantes ilegales y profesores. La última condena llegó en 2021, tras referirse a los tamiles hindúes de la isla de Reunión como «salvajes degenerados». En sus últimos años, Bardot también pidió el voto para Marine Le Pen.
Como autor de esta nota, me ha venido a la cabeza el dilema que tuvo el piloto argentino de Fórmula Uno, Carlos Menditeguy, entre correr el Gran Premio de Mónaco o pasar la noche con BB. Triunfó la opción Bardot. ¿Cómo iba a desaprovechar esa oportunidad? Yo no le culpo.
Ah, y el peruano Ricardo de Spirito Balbuena, fundador del movimiento de tendencia neonazi y antichileno, “Igualdad Nacional Cristiana Autónoma” (INCA), con sede en la ciudad de Tacna, fronteriza con Chile, aseguró: <<’Y Dios creó a la mujer’… y el mundo no supo qué hacer con ella. Brigitte Bardot no fue sólo un rostro: fue una época entera aprendiendo a desobedecer. Nacida en París en 1934, convirtió el deseo en lenguaje y el escándalo en espejo. En «El desprecio» mostró que la belleza también cansa, y en «La verdad» dejó claro que la fama cobra caro. Cuando todos esperaban más cine, ella eligió irse: Viva María, pero viva lejos del aplauso. Se retiró joven, se volvió incómoda, defendió animales con la misma ferocidad con la que antes había incendiado pantallas. Amada y discutida. Libre hasta el final. Algunas mujeres no envejecen: se vuelven leyenda>>.
No obstante, como es posible comprobar, Brigitte Bardot superó las barreras ideológicas merced a su solidez en cada acción que le correspondió realizar en su larga viva, estructurando un camino amplio para el mundo femenino, desatando trabas y derribando barreras machistas.
Definitivamente, Brigitte Bardot fue mucho más que una época. Ya hizo Historia no solamente en el cine, también en la política y, muy particularmente, en la interminable lucha de las mujeres de nuestro planeta por sus derechos.

