No hay duda alguna que el gran evento de música rock en Woodstock alcanzó una altura de “mega musical histórico” al congregar a más de cuatrocientas mil personas (400.000), entre el 15 de agosto y el 18 de agosto de 1969, en una granja de 240 hectáreas en la localidad de Bethel, a poco más de 60 kilómetros de Nueva York.
Dice Wikipedia: <<Woodstock se convirtió en el icono de una generación hastiada de las guerras y que pregonaba la paz y el amor como forma de vida y mostraban su rechazo al sistema, por lo tanto, gran parte de la gente que concurrió era hippie (ellos no se designaban de esa manera, así los denominaban los demás).
<<Los hippies estaban en contra de la guerra de Vietnam, por lo que Jimi Hendrix tocó el himno estadounidense solo con una guitarra eléctrica como signo de protesta a los comportamientos bélicos del gobierno. Sus ideales eran el pacifismo, el amor libre, la vida en comunidad, el ecologismo y el amor por la música y las artes. Se llegó a creer que tras Woodstock acabaron desapareciendo, aunque más bien tendieron a evitar publicitarse, y aún existen en numerosos países, evolucionando algunas comunas hippies a ecoaldeas>>
Woodstock, definitivamente -y quizás sin proponérselo-, más que un gran concierto musical fue un evento que ha marcado la cultura hasta nuestros días, un hecho que es histórico porque cambió el mundo…no hay duda de ello.
Y lo anterior puede confirmarse con lo que afirmó Greig Marcus (‘veterano’ de Woodstock’69) a la revista Rolling Stone: “Durante tres días, todo el mundo se lo pasó bien juntos y cambió el mundo. Fue una protesta y un acto de resistencia. Cuando los estudiantes chinos se reunieron en la plaza de Tiananmen en 1989, dijeron: ‘Este es nuestro Woodstock’. No se referían a Santana, The Who ni a Hendrix; se referían a reunirse, a adoptar una postura independientemente de lo jóvenes que fueran”.
Hay muchos mitos y verdades a medias sobre Woodstock, probablemente porque algunos de los asistentes solo recuerdan partes de lo que ocurrió. Se dice que el festival contó con los «grandes nombres» de la época, pero artistas como The Beatles, The Rolling Stones, James Brown, Aretha Franklin y Jeff Beck no tocaron allí. Aun así, el evento fue un éxito rotundo que resonó en todo el mundo, catapultando a muchos artistas a la fama.
A pesar de algunas cancelaciones, los asistentes disfrutaron de grandes actuaciones de artistas como Santana, Creedence Clearwater Revival, Joan Baez, The Grateful Dead, Janis Joplin, Joe Coker, Jimi Hendrix y muchos más. Con 32 bandas y solistas de géneros tan diversos como folk, rock, blues, country y otros, es probable que no todos disfrutaran de cada actuación, pero eso no afectó la atmósfera. Fue una celebración de la diversidad y la unidad, una fiesta sin precedentes.
Para muchos analistas y sociólogos, Woodstock fue la despedida de la cultura hippie y una especie de cambio de era, de folio, de paisaje social y cultural. Fue, en rigor, lo que las ciencias sociales llaman “serendipity” o “serendipia”, ergo, un descubrimiento que puede llegar a ser bueno o valioso de manera accidental o casual, al momento de estar buscando una cosa diferente a lo que se encontró. Claro que sí, pues Woodstock buscaba un éxito musical, pero produjo un evento cultural y social de enormes dimensiones, a tal grado que cambió el mundo. .
¿Y en Chile, qué?
Pocas veces en mi larga vida he tenido que asistir, obligado por circunstancias propias del trabajo profesional, a presenciar festivales populares. La primera ocasión en que debí estar en uno de ellos ocurrió hace ya lejanas décadas, cuando el profesor Patricio García (Sociología I, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Escuela de Servicio Social, Universidad de Chile) me endilgó un trabajo de investigación en terreno, específicamente en el Festival de Piedra Roja, en Santiago, que fue el émulo chilensis de Woodstock.
Era el año 1970, y yo, en ese entonces un joven e inmaduro universitario, aún creía que el mundo me pertenecería apenas lograse titularme. Fui a los Dominicos, asistí durante tres jornadas al festival de Piedra Roja y, a decir verdad, lo pasé ‘chancho’.
Mi trabajo investigativo, con exposición incluida, Pato García lo calificó con nota máxima. Todo un éxito para un alumno de tan exigente académico (García dirigiría luego, desde 1971 a 1973, la exitosa Editorial Quimantú, hecha cenizas y polvo por los ‘cultísimos’ integrantes de la Junta Militar de Gobierno). Pero, lo que aprendí y vivencié en los Dominicos resultó impagable e inigualable. Ello sigue siendo uno de mis escasos motivos de orgullo profesional, pues un evento como el realizado en Piedra Roja no ha vuelto a repetirse en este Chile melancólico y ultra conservador.
“Piedra Roja” fue un evento musical, al menos así comenzó, que a decir verdad tuvo un alma distinta, una conciencia explosiva que delineó rumbos sociopolíticos nuevos, atrevidos a tal grado que imbuyó de energías frescas a una sociedad hasta entonces provinciana y vaticana. A partir de ese evento, la juventud chilena dijo ‘presente’ y marcó camino señero cuyo recorrido de solo tres años -hasta el fatal golpe de estado del 73- delineó el atisbo de una patria distinta, solidaria, justiciera, soberana e independiente. Especial y preferentemente en lo relacionado con la educación superior… la universitaria.
Es que, muy en serio, “Piedra Roja” vino a exacerbar esa realidad… le dio el golpe franco a la piñata beata y conservadora que reflejaba el Chile de aquellos años. Replicando lo que habían hecho los jóvenes norteamericanos en Woodstock (Nueva York, 1969), la muchachada chilena, luego de ver la cinta cinematográfica exhibida el 17 de septiembre de 1970 en los santiaguinos cines Rex y Las Condes, llevó a cabo –contra viento y marea- un festival criollo de rock en terrenos pertenecientes al empresario Luis Rosselot, en los Dominicos, Las Condes.
El ‘festival’ se efectuó los días 11, 12 y 13 de octubre de 1970. La policía local -carabineros y detectives de Investigaciones- como siempre, anduvo perdida en el espacio, ya que los días 08 y 09 del mismo mes (me consta porque estuve allí), grupos de jóvenes del llamado ‘barrio alto’ de Santiago concurrieron durante la noche a “sembrar” marihuana, además de botellas de pisco, ron y whisky, en sectores donde luego se presentarían como participantes del festival, pasando limpiamente las barreras de carabineros que el día 11 de octubre registraban urbi et orbi a todos quienes ingresaban al sector.
Recuerdo a algunos de los grupos que actuaron en ese festival. Aún los llevo prendidos en mi corazón. Aguaturbia, Vidrios Quebrados, Los Blops, Lágrima Seca, Los Jaivas, Los Ripios…
Muchos de quienes hoy son abuelos y abuelas, seguramente defensores del sistema neoliberal salvaje, ocupan la primera fila en los grupúsculos que gustan criticar ácidamente a la juventud actual. Esos vejestorios (tan añosos como quien escribe estas líneas) mienten de manera descarada, pues hace cuatro o cinco décadas eran tanto o más rebeldes que sus nietos.
La diferencia entre los ‘tatitas’ de 1970 y los jóvenes de hoy, es que los primeros no fuimos capaces de vencer, de imponer nuestras esperanzas… algo que la muchachada actual –por vías distintas a las que nosotros usamos en esa época- asegura lograr tarde o temprano… con o sin Piedra Roja, con o sin Woodstock… pero con la enjundia de quien sabe que hace lo correcto en beneficio de su futuro y de su país.
Muchachos… el futuro es de ustedes, les pertenece. Tómenlo, pero háganlo ahora… ya no habrá más ‘Piedra Roja’ ni ‘Woodstock’… sólo hay y habrá lo que ustedes determinen que exista.
Por: Arturo Alejandro Muñoz