Arturo Alejandro Muñoz
La Inteligencia Artificial (IA) nos señala que «Arrastrar el poncho», en Chile, significa provocar, desafiar o incitar a alguien a pelear o discutir, buscando activamente un conflicto. Es una frase coloquial que señala que una persona está tentando a otra para que reaccione con molestia o inicie una confrontación física o verbal.
Hoy, esa expresión se utiliza para describir a alguien que busca pelea, molesta constantemente o intenta que otro pierda la paciencia, y reaccione con violencia.
En realidad, en este año 2026, resulta difícil negar que el actual gobierno ultraderechista está actuando como un provocador, desafiando a la gente, hartándola con “desaciertos programáticos y programados”, con ataques directos al bienestar y al bolsillo familiar, incitándola al reclamo, pero al reclamo masivo, a la salida a la calle en estampida…al caos y al desorden. ¿Por qué… o para qué?
Consignemos que la derecha (en especial la extrema derecha) es una verdadera maestra en esto de tocarle la oreja al pueblo cuando este contradice en las calles lo que ella detesta y combate. Acostumbra calentar al máximo el caldero social si detecta en qué dirección va el sentimiento popular, muy en especial si este no apunta a la dirección que ella quiere.
El propósito es provocar al adversario hasta hacerlo explotar con caldero y todo, obligándole a salir a la calle para expresar su disconformidad. Entonces, esa derecha actúa de la peor de las formas. Con violencia asesina, con ferocidad clasista irrefrenable, y obviamente lo hace a través de uno de sus ‘socios’ más poderosos, las fuerzas armadas, para, luego, invocar –en nombre de la paz y de la patria- estado de sitio, conculcar toda legalidad vigente reemplazándola por decretos paridos desde los escritorios de otro de sus socios poderosos, el empresariado, y con ello, establecer una dictadura a objeto de moldear el verdadero país que es de su pláceme.
Ello ya ocurrió hace décadas. Y la ultraderecha mostró exitosamente su planificado odio a la democracia y a los derechos humanos arrastrando el poncho desafiando al país. Fue en el mes de junio, un día viernes 29, en el año 1973, cuando oficiales del regimiento Blindados, en Santiago, sacaron los tanques para atacar la Moneda y derribar el gobierno de la Unidad Popular. Hubo una veintena de muertos, la mayoría de ellos civiles, y aunque el intento de golpe fue sofocado por la acción valiente del general Carlos Prats, a los ultraderechistas y empresarios les quedó claro que el pueblo, pese a haber salido masivamente a las calles para condenar el golpe y el fascismo, carecía de organización y armamentos para oponerse a un golpe de estado cívico-militar.
Fue así que casi tres meses más tarde, las fuerzas armadas cooptadas por una oficialidad fascistoide y brutalmente fanática, segura de que no sería enfrentada por una oposición popular armada ni organizada, bombardeó el palacio de gobierno e instaló una cruel dictadura durante diecisiete años.
Hoy día, las decisiones y tocadas de oreja a los chilenos realizadas por José Antonio Kast y los ‘republikaner’ en el comienzo de su gobierno, apuntan en esa misma dirección; vale decir, incitar a la gente a salir masivamente a protestar, sabiendo que en medio de las masas se esconderán grupos de desquiciados extremistas de ultraizquierda y de ultraderecha para realizar actos terroristas, daños a la propiedad pública y privada, y caos por doquier.
Entonces, el camino estará pavimentado para que Kast decrete estado de sitio, prohíba el libre tránsito, el derecho de reunión y gobierne a placer mediante decretos durante un tiempo cuyo final incluso él mismo desconoce.
Los ‘republikaner’ están enloquecidos arrastrando el poncho ante una mayoría ciudadana cada vez más decidida a unir fuerzas en una oposición política potente. Pero, esos fanáticos ultraderechistas no cejarán en sus intentos por lograr que se produzcan movilizaciones populares y, a la vez, actos de vandalismo.
La gente no debe dejarse atrapar por una engañifa ya conocida. La oposición debe ser fuerte, sólida y pacífica. Las tiendas partidistas -de izquierda y centroizquierda- tienen la obligación histórica de dirigir adecuadamente la protesta ciudadana evitando, por todos los medios posibles, caer en lo que los derechistas esperan: la violencia y el caos.
En otras palabras, la lucha política contra las locuras de este bacalao llamado Kast debe ser dentro de los marcos constitucionales, pero debe ser también pronto, antes que el bacalao de marras encadene fatalmente el país a la dependencia extranjera, a la pérdida de territorio y dignidad… y al pueblo lo aherroje enviándolo al último palo del gallinero.

